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El Blog del Noble Gallo Beneventano

La tercera edad y la soledad

27 de agosto de 2016
Javier Cortines 

Zeus, el gran amigo de los enfermos y ancianos

Sólo el que no tenga miedo a las respuestas
puede preguntar todo lo que quiera
(Proverbio)


Zeus, el gran amigo de los enfermos y ancianos
Abel Francés Quesada (CC)  

Cuando el ser humano pierde la juventud, la fuerza y la salud, y cae en la vejez y la enfermedad, se da cuenta de una de las verdades más terribles de la vida, y sufre el peor de los castigos: el abandono y desprecio de la sociedad, que lo considera un estorbo, una carga inútil que hay que sobrellevar –“en nuestra civilización”, con resignación cristiana.

Aquí se hace cierto el proverbio que dice: la juventud es locura; la madurez, lucha y la vejez, lamento. Esa soledad, que sólo entienden la que la padecen, afecta a una gran mayoría de los ancianos que, de la noche a la mañana, pierden todos sus atractivos y se convierten en siluetas invisibles. Siempre hay algunas excepciones, claro. Los que en vida fueron invitados al banquete de los dioses: Pablo Picasso, Albert Einstein, Anaïs Nin, etc.

Hay muchos enfermos y ancianos, -sobre todo los que viven en la pobreza y no pueden hallar alivio en el arte, la adulación de los presuntos herederos, la música clásica o los vinos de lujo- que encuentran un bálsamo hablando con Dios, el Gran Psiquiatra de ojo triangular que consuela y apuntala nuestro derrumbe existencial, antes de darnos el abrazo que todos esperamos desde que nos expulsaron al mundo en forma de bebés.

A pesar de que profeso, al igual que Stephen Hawking (perdonad mi insolencia, propia de Tersites ), lo que el físico denomina “una religión para ateos inteligentes”, amo al Dios de los que han sido apartados de la vida, de esos miserables a los que el mundo ha cerrado todas las puertas.

En la vejez todos los dioses dan consuelo y es un crimen asesinarlos. He visto a una anciana centenaria, que sólo era huesos y piel, adorando a un árbol en una calle de Hanoi (Vietnam); a seres arrugados de piernas temblorosas inclinándose ante viejas y nuevas divinidades, algunas prehistóricas, y he meditado acerca de los tibetanos que dejan sus muertos a la intemperie para que los buitres coman su carne y la lleven al cielo.

Todo eso lo he respetado, pero a veces regreso a la rebeldía, y, cuando la sangre de la juventud vuelve a correr por mis venas, retorno a la sátira, a la burla, y, cuando leo que “Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza”, me pregunto si pensarán lo mismo destacadas lumbreras patrias como Mariano Rajoy o Miquel Iceta, por citar dos almas al azar, una del PP y otra del PSOE, empeñadas en salvar Hispania de las hordas bárbaras.

Terminaré con un texto de hace cuatro mil años y que trata de la correspondencia entre el egipcio Sinuhé y el faraón Sesostris, el tema va del destierro y la vejez. Sinuhé, ya viejo, pide al faraón que le deje regresar a Egipto, pues desea morir viendo El Nilo. Veamos la respuesta del rey:

“Ven a Egipto
para que veas la tierra donde has nacido
ahora que has empezado a envejecer.
 
Ahora que has perdido
tu capacidad de amar y ser amado
tendrás el embalsamamiento
de los hombres rectos de espíritu
para que goces de la eternidad….”

(Buena literatura ¡Eh! sobre el destino de los ancianos que el poder o el dinero les permite cambiar de canal con dignidad. Sobre la muerte de los miserables- como comprenderéis-, no se pueden escribir palabras bellas).

Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano para recordarnos al filósofo chino Lao Tsé: Las palabras hermosas no dicen la verdad, la verdad no se puede decir con palabras hermosas.

Javier Cortines   Nilo Homérico

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