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1ro de diciembre de 2016

Reconstrucción de una izquierda integral frente a la anulación de la política (II)

Hoy, como siempre, las oligarquías pugnan por la riqueza social y los beneficios, pero se aúnan contra las sociedades. De hecho sus políticas son cada vez más destructoras de sociedad. Es imprescindible reconstruir una izquierda integral que actúe en todos los terrenos en los que se reproduce el Poder metabólico del Capital y que por tanto haga de la Política en grande su objetivo principa


Reconstrucción de una izquierda integral frente a la anulación de la política (I)

Las oligarquías ante la agudización de la crisis

En breve enfrentaremos una convulsión financiera mundial de mayores dimensiones que la que estalló en 2007-2008. En el caso concreto de Europa, la dinámica de expropiación y extorsión de la UE sigue exigiendo el descuartizamiento de toda la riqueza social, colectiva, para transformarla en pagos de deuda, en un monstruoso trasvase de riqueza a las clases dominantes.

La desposesión de infraestructuras, recursos básicos, fuentes energéticas, servicios, empleos y propiedades, será acompañada muy pronto de la desposesión del dinero (los bancos empezarán a cargar intereses negativos a los ahorristas –esto es, a cobrar por tener nuestro dinero- y para impedir que lo saquemos y lo tengamos nosotros, empezarán a eliminar el dinero físico haciendo obligatorio el uso de dinero electrónico a través de una amplia variedad de dispositivos digitales).

¿Qué posibilidades tiene cualquier Gobierno o partido en el poder institucional de gestionar la próxima debacle económica y social manteniendo su legitimidad o el respaldo popular? Muy pocas (las poblaciones pueden admitir el robo, la corrupción o cualquier otra forma de abuso, pero siempre y cuando les quede algo para ir pasando) [1].

Esto quiere decir que la democracia delegativa institucional tendrá que ir quedando también reducida a mínimas expresiones.

En cuanto al ámbito social asistiremos a una jugada de doble tensión. Por un lado la clase capitalista utilizará más y más la nación para ganarse a las clases subalternas frente a los destrozos que les causa la globalización neoliberal que combina la desocupación estructural, la precarización del trabajo y el descenso en el nivel de vida de amplios sectores en las formaciones sociales centrales, con la sobreexplotación externa e interna de mano de obra extranjera. El oportunismo político de las élites tradicionales aprovechará para incrementar el fomento del rechazo al otro y la división entre la sociedad bajo la forma del nacionalismo proteccionista. Por otro lado, la nación se debilitará frente a los embates del capital transnacional y las divisiones de las élites según su propia posición de ventaja frente a ese capital.

Hoy por hoy las oligarquías y sus diferentes partidos que encauzan las opciones institucionales de la política pequeña, se enfrentan sobre todo a dos opciones:

  • A/ Establecimiento de bloques de poder o gobiernos de concentración nacional, aunque haya que dar ‘golpes blandos’ para ello (en el Reino de España acabamos de tener un claro ejemplo de tal cosa llevado a cabo por los partidos del régimen del 78 y sus retoños).
  • B/ Tensionamiento de la “nación”. Al achicarse el botín las oligarquías tienen cada vez más que enfrentarse entre sí para apropiarse del menguante pastel, lo que va a suscitar de nuevo procesos de tensión nacional. Estamos viendo ya diferentes burguesías persiguiendo su propio nicho de acumulación (que ellas intentan traducirlo por “intereses nacionales”), y con ello la ruptura del Estado “nacional”. La “nación” se rompe además porque a las clases dominantes no les va quedando nada que ofrecer a la población para que asuma el sentimiento “patriótico” y responda a la clave identitaria nacionalista [2], porque ellas mismas están descuartizando en pedazos-mercancías a la “nación” (de nuevo el Reino de España da un claro ejemplo del proceso).

Esto es, hoy como siempre las oligarquías pugnan por la riqueza social y los beneficios, pero se aúnan contra las sociedades. De hecho sus políticas son cada vez más destructoras de sociedad.

Todo los cual nos lleva a la inevitable conclusión de romper con el ‘chip’ reformista y con la visión de un capitalismo regulado, auto-regenerativo. Y prepararse para enfrentar un capitalismo mucho más despótico, en el que primarán cada vez más las políticas de muerte (tanatocapitalismo).

Eso exige preparar de un modo u otro la RUPTURA desde abajo. Y ésta sólo se podrá hacer desde la construcción popular. Para romper también con la verticalización populista.

Por eso es imprescindible reconstruir una izquierda integral que actúe en todos los terrenos en los que se reproduce el Poder metabólico del Capital y que por tanto haga de la Política en grande su objetivo principal [3]..

Para ello resulta vital recuperar autonomía estratégica (y no meras tácticas más o menos electoralistas o efectistas de coyuntura), la cual pasa necesariamente por reconstruir un referente universal altersistémico, a la postre socialista. Ineludibles ambos pasos, a su vez, para rehacer las posibilidades transformadoras en esta “fase larga de coyuntura”.

Sólo desde la acción de largo plazo, permanente, se construye fuerza social. Sin sujetos de transformación no hay transformación

“Sólo una inmensa construcción social previa a la revolución política permite que el “peligroso salto” que significa la ruptura revolucionaria no sea nuevamente ocasión para la conformación de una casta burocrática que crezca en base a las limitaciones subjetivas y organizativas de las clases subalternas, en los intersticios que deja la inmadurez de todo proceso de transición al socialismo. La guerra de posiciones en el ámbito social es una condición necesaria para la conquista del poder político y el inicio de una transición factible al socialismo.” Martín Mosquera y Tomás Callegari.

No podemos aproximarnos a ningún tipo de transformación sin la auto-erección de sujetos antagónicos con proyecto social propio.

Este hecho constatado, que durante el capitalismo “keynesiano” podría ser válido en lo referente a transformaciones de gran calado, puede aplicarse hoy a cualquier tipo de proceso reformista dentro del capitalismo degenerativo. Sin una política de construcción de vastas fuerzas sociales conscientes de sí mismas y de las circunstancias sociohistóricas en que se desenvuelven, no hay oportunidad ni siquiera para procesos de reforma suave.

Como nos señala Agacino para el caso la sociedad chilena [4], otra sociedad derrotada militarmente por su oligarquía, como la española, las reales posibilidades de cualquier tipo de transformación están vinculadas a la constitución por doquier de franjas de constructores sociales y políticos, sin los cuales es imposible imaginar siquiera respuestas satisfactorias a las embestidas del Capital.

Esas franjas permiten pensar en una masa crítica para poder inducir la configuración de l@s explotad@s, excluíd@s y discrimiad@s en fuerzas sociales, teórico-programáticas y políticas capaces de pensarse a sí mismas como sujetos portadores de un proyecto de cambio social, esto es como sujeto político.

  • La fuerza social se refiere a segmentos de población organizados que, pertenecientes a determinados sectores sociales, son reconocidos por éstos y por otros adyacentes (e incluso más alejados) como fuerza de opinión y lucha en torno a sus problemáticas relevantes. Es, por tanto también, expresión de legitimidad de ese segmento de población organizado.
  • Una fuerza teórico-programática resulta de la sistematización de la experiencia propia y ajena para otorgar sentido al problema de la construcción y el cambio social. La fuerza teórica es la expresión tanto de la potencia movilizadora como de la verosimilitud de una visión precisa pero abierta de la realidad y su transformación.
  • La fuerza política es la síntesis de una fuerza social y una fuerza teórica cuya emergencia y realización ocurre en el campo de la acción, que se caracteriza por su capacidad convocante, dada su legitimidad y verosimilitud, y que por tanto es capaz de definir objetivos y caminos susceptibles de transformarse en práctica política y social alternativa a partir de las condiciones existentes.

Entendida de este modo, resulta evidente que la fuerza política no puede confundirse con la fuerza orgánica que opera en el ámbito de la política con minúsculas, institucional. La fuerza política no puede sino entenderse como síntesis de un proceso de construcción de sujetos cuya primera manifestación es el logro de una masa crítica ampliada.

“Todas la tradiciones están gastadas, todas las creencias anuladas, en cambio el nuevo programa no aparece, no está en la conciencia del pueblo, de ahí lo que yo llamo ’la disolución’. Es el momento más atroz en la existencia de las sociedades”. Pierre-Joseph Proudhon   más +

Una orgánica vacía de sujeto es, desde una auténtica praxis de izquierdas, una aberración. Aberración condenada a repetir los procesos de entrega, oportunismo, esquizofrenia o dislocación que han experimentado la absoluta mayor parte de las organizaciones de la “izquierda institucionalizada”, la izquierda integrada [5].

La contribución a la gestación de sujetos que confluyan en movimientos sociales y movimientos políticos con vocación y posibilidades de transformar tiene pendiente la articulación entre la dimensión de base, de acción cotidiana, movimientista, y la recomposición organizativa de las clases subalternas (organización política y teórico-programática). Y sólo podrá llevarse a cabo desde el propio movimiento, esto es, desde una organización-movimiento que trascienda definitivamente el electoralismo y el parlamentarismo (sin por ello renunciar tácticamente ni a las elecciones ni al Parlamento), para atacar las bases moleculares del Poder del capital, los entresijos metabólicos en que sustenta su hegemonía.

Sólo así devendremos una izquierda integral. Es decir, revolucionaria (que busca dotarse de unas nuevas relaciones sociales y erigir una sociedad propia). Esto hoy significa tener posibilidades de supervivencia y de salvar la destrucción de la sociedad y del hábitat por el capital.

Andrés Piqueras  

Notas

[1Jugar a gestionar el próximo colapso económico-financiero por parte de cualquier opción de “izquierda” política, sin proyecto alternativo total y sin fuerza social masiva para llevarlo a cabo, es como poco un autoengaño suicida. Y, en general, intentar hacer oposición sin esa fuerza social es mera quimera.

[2La identidad nacional sólo pudo ir haciéndose hegemónica (lo mismo que ocurrió con el “sufragio universal”) con la redistribución. Sin nada que ofrecer a las poblaciones la nación se deshace y ya no cumple su papel de garantizar la cohesión y la paz social. De ahí que la vertiente “fascista” del Capital intente hacer como que prioriza lo nacional ante las leyes de desarrollo y acumulación capitalistas (¡). Intentando prolongar la adhesión de las poblaciones a sus oligarquías, a costa de enfrentar sociedades entre sí.

[3Aquí podría hablarse del ser revolucionario, pero entendemos como válido aludir a la “izquierda” en cuanto que izquierda integral, para trascender la incorporación de la izquierda como uno de los dos lados del orden constitucional del capital. Distinguiéndola, así, de la izquierda integrada en el orden capitalista que tuvo su primera expresión como izquierda liberal y más tarde como socialdemócrata (pero que terminó incluyendo también a muchos partidos comunistas). Tendremos entonces que precisar que ser de izquierdas no es una cuestión de declaraciones, sino de capacidad de desarrollar estrategias y praxis transformadoras en cada fase del capital. Quienes en un momento dado fueron de izquierdas, en concordancia con una determinada expresión o fase del capital, pueden haberse quedado al margen de esa condición si en una fase posterior han perdido su capacidad de desmontar y atacar la realidad (es decir, se diluyó su capacidad transformadora o proyectiva), o si no han sabido recoger las nuevas líneas de fractura de clase que incorpora la conciencia social colectiva (de dominación y explotación entre sí de los seres humanos en sus polimorfas expresiones, y las provenientes de la relación sistema social-ecosistema). Estas consideraciones deberían tenerse en cuenta para salvarnos del actual idiotismo supuestamente “apolítico” que propone sin cesar hacer transformaciones más allá del eje “izquierda-derecha”. Lo cual no quiere decir, por otra parte, que se deje de integrar la clave epifenoménica “arriba-abajo”, pues es la más identificable y perceptible a simple vista y, por tanto, la que puede tener una capacidad aglutinadora significativa desde el punto de afasia política del que se parte. Pero siempre y cuando no se pierda de vista la propia estrategia

[5Pero en cambio en la actualidad, ante el cerramiento del espacio político y el vaciamiento de la política institucional, es previsible que puedan recuperarse sectores de esa izquierda integrada para realizar un esfuerzo colectivo que contribuya a posibilitar una franja de constructores sociales y políticos (hablamos de formación sobre todo a través de la acción), tendente a conformar lo más pronto posible una masa crítica capaz de asumir la estrategia de abrir un nuevo horizonte: dar paso a la configuración de l@s subordinad@s como fuerza política provista de un proyecto alternativo de sociedad, esto es, un proyecto socialista. Necesitamos que al menos parte de esa izquierda integrada empiece a ver las condiciones de mutación del organismo capitalista. Requerimos confluir a través de verdaderas miradas de largo alcance sobre los tiempos históricos.

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