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15 de Marzo, Día Mundial del Consumidor

15 de marzo de 2015

Radiografía de la sociedad de consumo española

Tan solo 2.000 millones de personas (de los 7.000 millones que habitan el planeta) forman parte de la llamada Sociedad de Consumo. Es algo así como una clase media mundial que pone a prueba cada día, en millones de supermercados, tiendas y centros comerciales, el mayor sistema productivo y de consumo jamás conocido. Vamos a hacer un breve repaso, a través de datos, estadísticas y gráficas, de la sociedad de consumo en España.


Radiografía de la sociedad de consumo española
r2hox (CC)  

Según el Informe de Desarrollo Humano del PNUD, en 2009 el planeta Tierra contaba con una clase media de unos 1.845 millones de personas, frente a los 7.000 millones de personas que habitan el planeta. Estas personas tienen la capacidad de ingresar y gastar, directa o indirectamente, un mínimo de 10 dolares estadounidenses cada día.

Pero el crecimiento de las llamadas economías emergentes y las previsiones demográficas, apuntan a un panorama bien distinto dentro de unas cuantas décadas. La clase media de los países del Sur crece rápidamente y, como muestra este gráfico, será determinante en la composición de la clase media del Siglo XXI:


Así pues, para el año 2030, se espera que más del 80% de la clase media del mundo viva en los países del Sur, y sea responsable del 70% del gasto total en consumo. En 2030, alrededor de dos tercios de la población de clase media mundial se concentraría en la región de Asia y el Pacífico, alrededor del 10% en Centro- y Sudamérica y 2% en África Subsahariana. Dentro de Asia, en China e India se concentraría más del 75% de la clase media y su correspondiente porcentaje de consumo total.

Los que quedan fuera de la clase media mundial

¿Y ahora mismo, quiénes quedan fuera de la sociedad de consumo? El Índice de Pobreza Multidimensional del PNUD identifica las carencias a nivel familiar e individual en los ámbitos de la salud, la educación y los estándares de vida de 91 países que, en total, suman 5.000 millones de personas (el 75% de la población mundial). De los países analizados entre 2005 y 2012, cerca de 1.500 millones de personas, es decir, el 29% de su población total, han sufrido pobreza multidimensional [1] y un 15,5% se encuentra en una situación cercana:


Como se puede observar, tan solo el 55,4% de esos 5.000 millones de personas están fuera de ese concepto de pobreza multidimensional.

La crisis de 2008 en España

La crisis económica que terminó detonando en 2008 ha modificado muchas de las previsiones que se habían hecho, incluso quedan por ver todavía los efectos que termina teniendo en la pobreza de la población mundial y los derechos sociales una crisis tan grave.

En España es especialmente grave la ruptura de la burbuja inmobiliaria que se había estado alimentando durante años. Esta gráfica de la Comisión Europea, con la proporción de inversión en vivienda como porcentaje del PIB de varios países europeos, muestra hasta que punto era insostenible el modelo inmobiliario español:

Evolución de la inversión en vivienda como porcentaje del PIB entre 2000 y 2014 en Alemania (DE), España (ES), Francia (FR) e Italia (IT)


Entre 2003 y 2008 la inversión en vivienda rebasó anualmente el 10% del PIB. Con la crisis, este porcentaje experimentó un descenso, pasando del máximo alcanzado en 2006, un 12,5%, al 4,1 % en el primer semestre de 2014.

Según la Encuesta Financiera de las Familias (EFF) del Banco de España, entre 2002 y 2005 la expansión económica, encabezada por el boom inmobiliario, incrementó un 55% los patrimonios de las familias españolas. Empujadas por el viento favorable del crédito, aumentaron las deudas de las familias en un 65%. Entre 2005 y 2008 se registra un brusco frenazo, debido al cual la riqueza total de los hogares sólo creció un 2,9%, coincidiendo con los últimos años del ciclo expansivo y el inicio de la crisis. Ya en plena crisis, entre 2008 y 2011, el patrimonio medio registra un descenso del 12,5%, atribuible casi en exclusiva a la bajada del valor de los inmuebles.

Así, a pesar de tener consecuencias mundiales, ni las causas de la crisis ni sus efectos han sido homogéneos. En las economías de los “países del Norte” la contracción del PIB habría sido del 3,7%, mientras que los emergentes tiraban de la economía mundial. Estos indicadores muestran la gravedad de la crisis en España, uno de los países más afectados:

Crecimiento del PIB real en España por componentes entre 1999 y 2015


Como se puede observar, en 2008 se contrae abruptamente el consumo y la inversión, mientras crecen las exportaciones netas. Durante seis años, el mercado interno español se reduce a su mínima expresión y el consumo no vuelve a crecer tímidamente hasta 2014.

España es uno de los países que más profundamente ha sufrido las consecuencias de la crisis, algo que se hace evidente en los niveles de paro alcanzados, como muestra el siguiente gráfico del Instituto Nacional de Estadística (INE):

Tanto por ciento de la población activa en paro entre 2002 y 2012


La polarización de la riqueza

Los efectos de una crisis económica como esta se han ido mostrando con toda su crudeza en aspectos tan dispares como la tasa de deshaucios, el cierre de pequeños comercios o en factores como la exclusión social. Pero a nivel general, en todo este proceso ha aumentado la polarización de la riqueza, con una ratio de desigualdad (obtenida al dividir el patrimonio de los cuartiles más rico y más pobre) que aumenta casi al doble entre 2002 y 2011. Este gráfico elaborado por el Colectivo Ioé muestra dicha polarización en el patrimonio medio de las familias españolas expresado en euros contantes de 2011:


Así, el diferencial de renta media entre el 10% de hogares que más gana y el 20% con menos ingresos pasó de 12 en 2002 a 14 en 2011, mientras el diferencial de riqueza pasó de 54 a 87. Es decir que la desigualdad de riquezas creció a un ritmo tres veces mayor que la de renta, provocando una revalorización patrimonial de más de un billón de euros en el decil más rico (de 1,14 a 2,15 billones). Como resultado, el 10% más rico concentra la propiedad –y los beneficios y revalorizaciones- de la mayor parte de las acciones empresariales (cotizadas y no cotizadas), los fondos de inversión y otros activos financieros.

La propia Comisión Europea(2015) habla de más de 12,5 millones de personas en España «en riesgo de pobreza y exclusión social en 2013» y uno de los países de la UE con «mayores desigualdades». Como señala la evolución del indicador AROPE (combina factores de renta, privación material severa y baja intensidad del empleo), la evolución de la pobreza y el riesgo de exclusión social aumenta notablemente desde el año 2010.

Indicador de pobreza AROPE en España desde 2004 a 2013


Los estudios de la Comisión Europea apuntan justamente a que los efectos sociales más dañinos emergen unos años después del estallido de la crisis. Así, el número de personas que sufren privaciones materiales graves habría aumentado a un 6,2% en 2013 frente a un 5,8% en 2012. Debido al persistente desempleo, también el número de hogares que carecen de ingresos alcanzó la cifra de 740.500 en el segundo trimestre de 2014 (casi el doble que en 2008).

El consumo en época de crisis

Lógicamente, todo esto ha tenido una importante repercusión en el consumo. El Instituto Nacional de Estadística (INE) señala que el gasto medio por hogar ha descendido unos 1.000 euros anuales desde 2008. Para hacernos una idea de cómo es la distribución de este gasto, podemos observar en el siguiente gráfico:


Es decir, que en plena crisis los hogares destinan el 31,3% de su presupuesto a gastos relacionados con la vivienda, el 14,4% a alimentos y bebidas no alcohólicas y el 12,0% a transportes.

En estos últimos años casi todos los bienes y servicios han sufrido ciertas modificaciones pero en algunos el cambio ha sido más acusado, como muestra el siguiente gráfico:


Por tanto, los mayores cambios han tenido que ver con las subidas en el precio de los suministros básicos como el gas o la electricidad y con la reducción de ciertas compras, como las de coches, muebles y otros aparatos que suponen una inversión económica importante.

Sin embargo, la crisis ha afectado a casi todos los sectores, y no sólo en la distribución de la compra, sino también en un concepto relacionado con la precariedad, las carencias en consumo, como muestra este otro gráfico del INE:


En cuanto al tipo de hogar que reflejan todas estas estadísticas, se observa un especial peso de las parejas sin hijos (23%) o con un sólo hijo (20,8%) y de aquellas personas que viven solas (19,30%).


El modelo de distribución minorista

La distribución minorista de bienes y servicios es uno de los ejes fundamentales de la actividad económica española y puede ayudarnos a entender un poco mejor a los actores y fuerzas que concurren en el consumo. De los 3.199.617 de empresas registradas en España en 2012, 773.657 se dedican directamente al comercio (frente a las 214.992 empresas del sector Industrial, por ejemplo). Además, en esta actividad tienen una especial relevancia las pequeñas empresas y los autónomos, formato empresarial predominante, por otro lado, en el mapa empresarial español, como muestra este gráfico:


Según datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAGRAMA), la mayor parte del comercio en 2011 correspondía al comercio al por mayor (56,8%), a pesar de que es el comercio minorista o al por menor, el que concentra la mayor parte de la ocupación laboral (55,2% de los trabajadores). Del total de las ventas, un 8,9% se factura en otros países.

Como muestra de los efectos que la crisis está teniendo en la distribución minorista, se observan dos fenómenos destacados: la creciente cuota de mercado de las marcas blancas o de distribuidor, y el crecimiento del mercado de segunda mano. Así, el comercio al por menor de artículos de segunda mano en establecimientos ha experimentado un incremento de la facturación del 40,4%.

Este gráfico muestra una distribución del comercio al por menor según el peso de los distintos sectores de actividad:


Así pues, dentro del comercio minorista destaca por su importancia el sector de la alimentación, con un total de licencias del 31,4% y una superficie de venta que representa el 20,7% del total en 2012, según el informe “Alimentación en España. Producción, Industria, Distribución y Consumo”de Mercasa.

Los hogares españoles utilizan distintos formatos para adquirir los alimentos y bebidas, pero destaca la importancia relativa de los supermercados (53,6% de cuota de mercado en 2012) que han aumentado progresivamente su participación en detrimento principalmente del comercio especializado y las pequeñas tiendas de barrio (22,7% de cuota) que, junto al resto de formatos, tienen una presencia cada vez menos notable.

Como muestra el siguiente gráfico, el peso de las grandes superficies y supermercados en la distribución comercial de casi todos los tipos de alimentos es determinante:


Como puede observarse, el comercio especializado tradicional sólo sigue teniendo cierta presencia en los productos frescos, mientras que el resto de los productos se desplazan entre los distintos formatos de gran superficie.

Parece evidente que la destrucción del comercio local y de barrio está ligada al crecimiento de este modelo de gran superficie y así lo termina apuntando, por ejemplo, el Tribunal Vasco de defensa de la Competencia en un extenso informe sobre “La distribución de bienes de consumo diario”. En dicho informe, el TVDC concluye que «Carrefour, Mercadona y Eroski constituyen un oligopolio “estrecho” en el mercado español de aprovisionamiento de bienes de consumo diario y en la distribución minorista en grandes superficies comerciales (>1.000 m 2 ), que adopta comportamientos paralelos (colusivos) que restringen la competencia y perjudican el bienestar de los consumidores».

Según el Informe Pasen por Caja de la ONG SETEM, la apertura de una gran superficie causa una media de 276 pérdidas de trabajo y el cierre de pequeños comercios en un radio de 12 kilómetros. Pero esta ONG explica también el papel cada vez más relevante que tienen las grandes superficies en otros sectores que no son el de la alimentación. Así, las grandes cadenas minoristas como Wal-Mart, Tesco, Carrefour, Lidl y Aldi se están convirtiendo en actores muy relevantes en la venta de ropa y productos textiles. En el Reino Unido, por ejemplo, más de una cuarta parte de toda la ropa ya se compra en supermercados o hipermercados y Carrefour se ha convertido en el cuarto comercializador de ropa más importante de Europa.

En cuanto a los hábitos de compra de este tipo de productos, los consumidores dedican un promedio de 3 horas a la semana para realizar la compra de alimentos y se rompe la tendencia de los últimos años de emplear menos tiempo en la realización de la compra: Mercasa estima que, desde el comienzo de la crisis, el consumidor español dedica semanalmente un 10% más de tiempo para la compra de alimentos.

A la hora de elegir el establecimiento de compra, se prioriza el precio (62,7%) por encima de calidad (51,9%) y proximidad (50,9%), aunque éstos últimos tienen un gran peso en la elección final. Para seleccionar los productos que se incluyen en la cesta de la compra, sigue existiendo una fidelidad a las marcas (un 73,9% de los entrevistados en el Observatorio de Consumo y Distribución, manifiesta comprar siempre las mismas). No obstante, el precio cobra una mayor importancia y, por tanto, muchas veces se adquieren productos más baratos aunque la marca no sea conocida (el precio ha ido aumentando su importancia puesto que, por ejemplo, en 2007 sólo era mencionado por un 34,1% de los compradores).

Los consumidores que declaran que les gusta comprar siempre en el mismo establecimiento se incrementa al 91,7% mientras que, por el contrario, aquellos que suelen cambiar con frecuencia de establecimiento se cifran en el 22,6%. Internet, como canal de compra de productos de alimentación, es utilizado en alguna ocasión por un 9,5% de los consumidores (este porcentaje se eleva entre los jóvenes menores de 35 años y disminuye para los mayores de 50 años).

El Salmón Contracorriente  

Notas

[1Este índice utiliza los recientes avances teóricos y estadísticos para presentar el primer estudio global de esta naturaleza, y ofrece un valioso complemento a las medidas de la pobreza basadas en los ingresos.

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