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20 de junio Día Mundial de las Personas Refugiadas

20 de junio de 2016

Personas refugiadas, entre el éxodo y el abandono

Tras 5 años de guerra en Siria la llamada "crisis de los refugiados" no ha hecho más que empeorar. La Unión Europea ha mostrado su incapacidad para resolver el problema. El modo patriarcal y neoliberal de abordar el problema está causando fatales consecuencias sobre las mujeres refugiadas.


Personas refugiadas, entre el éxodo y el abandono

Siria, la cara más visible de la tragedia

El 15 de marzo del año 2011 estallaba la guerra en Siria, han pasado cinco años y el conflicto, parece más lejos que nunca de llegar a una la solución. A la cronificación del conflicto hay que sumarle la multiplicación de frentes abiertos y la radicalización de la violencia, sobre todo de la violencia sexual hacia las mujeres y la infancia, en un contexto donde quien sufre las consecuencias más devastadoras es la población civil que se encuentra en un país bombardeado a diario y donde no queda rastro ni de los servicios básicos necesarios ni del más mínimo tejido social.

Las consecuencias son claras y nos dejan el mayor éxodo desde la II Guerra Mundial, con millones de personas desplazadas forzadas que tratan de salir de su país por cualquier medio para buscar un lugar seguro para su entorno y sus familias. Según la ONU más de 10 millones de sirios y sirias han tenido que abandonar sus casas entre quienes han salido de su tierra y las cerca de 6 millones de personas que han salido de su ciudad sin exiliarse de su país. Se calcula que durante el año 2015 más de 350.000 trataron de cruzar el mar Mediterráneo y más de 2.500 fallecieron en el intento, cifra que para vergüenza de los países de acogida se verá ampliamente superada tras aquellos últimos diez días de mayo en los que murieron más de mil personas tratando de llegar a nuestras costas.

Entre quienes sufren el conflicto de manera más sangrante están, como siempre ocurre, las mujeres, los niños y las niñas. El conflicto ha provocado que más de 2 millones de personas desplazadas sean menores, calculándose que más de 10.000 han perdido la vida y que de las que continúan en su país, más de 2 millones no tienen acceso a la asistencia básica, la mitad han perdido el acceso a la escolarización y un tercio de ellas ha nacido en guerra, siendo la única realidad que han conocido. Diferentes profesionales ya alertan de las consecuencias que este último dato puede provocar, la creación de una generación perdida que partirá de una infancia traumática que podría marcar para siempre sus vidas. A todo esto no hay que sumar otra realidad de la que poco se habla en los medios de comunicación, el reclutamiento forzado de menores para obligarles a participar de manera directa en el conflicto armado, sin olvidar la existencia de mafias que podrían estar detrás de la desaparición de niños y niñas que llegan solos a Europa y que alerta sobre la inoperatividad de las autoridades europeas en un tema tan delicado como la protección de los derechos a la vida e integridad física, psíquica y sexual de las y los menores.

El ejemplo sirio está poniendo ante nuestros ojos cuál es la realidad de un conflicto armado y cuáles son sus consecuencias, pero también ha abierto el debate sobre otras cuestiones como la acogida o si el derecho al asilo actual realmente puede responder a las necesidades de las personas afectadas.

El derecho al asilo, un modelo caducado

La crisis humanitaria que estamos atravesando ha puesto encima de la mesa los modelos de que disponen los estados y las políticas migratorias que provocan los desplazamientos forzados. Mientras Europa ha apostado por un modelo de mercadeo y vulneración de los derechos humanos otros países acogen un número mucho mayor de refugiados y refugiadas, hay que destacar que en Líbano ya se ha recibido a más de un millón, que en Jordania el campo de Za’atari cuenta con 80.000 personas asentadas o que entre estos dos países junto con Irak, Turquía y Egipto son casi 5 millones las personas que han encontrado acogida, a pesar de que en muchos de estos países siguen sin darse las condiciones necesarias para poder hablar de un refugio realmente seguro y en condiciones.

Los países comunitarios han sacado beneficios multimillonarios por la venta de armas a los países que ahora están en conflicto

La actuación de la Unión Europea ha apostado por la continuidad de las políticas neoliberales que provocan los desplazamientos forzados,y en ningún caso se han asumido responsabilidades respecto de las causas del conflicto. No hay que olvidar que los países comunitarios han sacado beneficios multimillonarios por la venta de armas a los países que ahora están en conflicto o que en demasiadas ocasiones detrás de los éxodos está el expolio de los recursos naturales a favor de las transnacionales a través de convenios comerciales y acuerdos diplomáticos.

Con la actual crisis estamos viendo que Europa no cuenta con mecanismos eficaces que se adapten a la realidad actual, se continúan aplicando convenciones como la de Ginebra, que data del año 1949 y respondía al contexto del fin de la II Guerra Mundial, que no reconoce un concepto mucho más amplio de refugio y asilo que responda al contexto actual. Quedan fuera de la concepción de asilado las personas migrantes por razones económicas, obviando que detrás de un desplazamiento forzado por motivos económicos existe una situación de violencia tal y como ocurre en un conflicto armado. A pesar de que también la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 reconoce en su artículo 14.1 que “en caso de persecución toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país”, la Unión Europea han preferido dejar en papel mojado una serie de tratados ya desfasados de por sí.

En estos momentos asistimos al reparto de refugiados y refugiadas como si de una subasta a la baja se tratase, una molestia de la que hay que deshacerse. Los últimos pasos han sido permitir eludir la acogida de personas pagando una sanción económica y el acuerdo entre Turquía y la UE con el que se ha intentado disfrazar de reubicación lo que son expulsiones masivas. Se trata de un acuerdo de dudosa legalidad desde el momento en que se expulsa a personas a un país que no respeta los derechos humanos, donde la minoría kurda procedente de Siria seguirá padeciendo persecución y en el que tampoco se asegura en ningún momento el principio de no devolución recogido en el artículo 33 de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951.

Por el contrario sigue sin hablarse, ni tan siquiera plantearse, la puesta en marcha de un visado humanitario, que garantice la llegada de las personas refugiadas a su lugar de asilo sin tener que recorrer durante meses rutas no seguras y que tiene como consecuencia el negocio de las mafias, la muerte de miles de personas en el camino y el aprovechamiento de la situación por parte de las redes de prostitución y trata.

Refugio y mujer, una perspectiva de género

Otro de los aspectos que podemos destacar de la actual crisis es la invisibilización de las mujeres desde un discurso unidireccional y patriarcal, no se habla de ellas desde las instituciones y si se hace no pasa del puro paternalismo. Las refugiadas están siendo víctimas de las estructuras del patriarcado social en una situación extrema.

En los conflictos armados y los éxodos, las ya frágiles estructuras legales se desvanecen y aparece un estado de invisibilidad que lleva a la indefensión absoluta, es el contexto en el que todo está permitido. El discurso oficial está obviando la violencia que sufren las mujeres en este proceso por el hecho de ser mujeres, esa violencia de la que ellas son las víctimas, pero que no afecta a los hombres. Muchas refugiadas se están viendo obligadas a recorrer enormes distancias, en algunos casos estando embarazadas y sin tener el acceso a la atención sanitaria que necesitarían. El nivel de estrés que supone el proceso del desplazamiento forzado provoca en muchos casos que el miedo y la ansiedad derive en transtornos hormonales y cuando llegan a Europa se encuentran en campos de refugiados y refugiadas donde en demasiadas ocasiones no se dan las condiciones mínimas de higiene ni de intimidad.

Las refugiadas están siendo víctimas de las estructuras del patriarcado social

Pero la cara más amarga y dura la encontramos en la violencia sexual, la condición de mujer en un contexto bélico junto a una sociedad marcadamente patriarcal hace de la mujer un objeto. Las rutas no seguras provocan que aumente exponencialmente el riesgo de acabar secuestradas por el camino y convertidas en esclavas sexuales o que una mujer pueda sufrir agresiones sexuales desde diferentes frentes, desde los propios compañeros de ruta hasta los soldados que vigilan las fronteras. La no previsión de rutas seguras provoca que muchas mujeres acaben llegando a Europa a manos de una red de trata que las explotará sexualmente en Europa y el abandono e indiferencia con la que los supuestos países de acogida actúan acaba provocando que muchas refugiadas, también adolescentes, acaben viendo en la prostitución o el abuso sexual la única manera de avanzar en esa ruta de la violencia que se ven obligadas a tomar para salvar sus vidas.

Ante esta situación las instituciones europeas reponden desde el silencio y la negación del problema, tratando el refugio por igual para hombres y mujeres y evitando poner en marcha iniciativas que busquen también abordar este problema en toda su extensión.

La llamada ’crisis de los refugiados’ ha llevado a la Unión Europea a una encrucijada: primar el enfoque humanitario y el cumplimiento de los derechos humanos o abordar el problema desde principios patriarcales y neoliberales. Por desgracia, es la segunda opción la que está ganado la batalla y la justicia y la solidaridad las que están saliendo irreversiblemente dañadas.

Pasqual Marí    Passatge Segur