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El Blog del Noble Gallo Beneventano

España | LGTBI

16 de julio de 2017
Javier Cortines 

Manifiesto contra los que etiquetan al otro para denigrarle

Cualquiera, no importa sus gustos o lo que le pida el cuerpo, (por cuestiones biológicas, químicas o culturales), es, por encima de todo, un ser humano. Es inaceptable que la sociedad pegue en la espalda a la gente un monigote de papel y, con una falsa sonrisa, la dé medallas de oro.


Manifiesto contra los que etiquetan al otro para denigrarle

Todos los seres humanos son hombres y mujeres, y punto. Claro, hay diferencias: los hay altos y bajos, gordos y flacos, rubios y morenos, de pies grandes y pequeños, de manos suaves que nunca han tocado nada o manos destrozadas en las galeras, en empleos denigrantes. Todos tienen algo en común: Nacen, crecen, llegan a su plenitud, enferman, envejecen y mueren.

Etiquetar al prójimo dando más importancia a sus atributos que a su esencia, al “yo profundo”, “al dios interior”, es siempre vejatorio y despectivo. Es una forma de marcarle con hierro candente en la frente, como se hacía en los tiempos de la oscuridad, cuando se grababa con fuego a las personas-animales con las iniciales del amo.

Cualquiera, no importa sus gustos o lo que le pida el cuerpo, (por cuestiones biológicas, químicas o culturales), es, por encima de todo, un ser humano. Es inaceptable que la sociedad pegue en la espalda a la gente un monigote de papel y, con una falsa sonrisa, la dé medallas de oro.

Desde que el cristianismo se impuso como religión oficial en el Imperio Romano y triunfó el monoteísmo (que con tanto entusiasmo ha sido acogido por los dictadores y los clérigos de la verdad absoluta e indiscutible), los intérpretes de Dios empezaron a demonizar las costumbres sexuales “anormales” que estaban arraigadas en las grandes civilizaciones: Grecia, Roma, Persia, etc.

Esos voceros proclamaron que El Señor sólo amaba a los hombres muy hombres, y a las mujeres muy mujeres y, sobre todo, si éstas obedecían al varón, hecho a imagen y semejanza del demiurgo. Yahvé ya dejó clara su política arrasando con fuego y azufre Sodoma y Gomorra. Sus habitantes habían cometido el error de imitar a los dioses y a las diosas olímpicas que eran, ante todo, “divinidades amorales y pervertidas”, que lo mismo se enamoraban de un efebo o una ninfa y no ponían reparos en raptarles.

Si en Roma [1] alguien hubiera hecho la más mínima insinuación, censurando el comportamiento del emperador Adriano o del legendario Marco Antonio, lo normal hubiera sido que su cabeza acabase sobre una pica. A ningún griego se le ocurría cuestionar a los dioses ¡Ay de aquel que susurrase que Zeus era un golfo por haber raptado al hermoso Ganímedes, de quien se enamoró perdidamente y le hizo su copero en el Olimpo!

También Safo (siglo VI. a.C), autora de la Oda a Afrodita, fascinó durante siglos con su poesía y estilo de vida. ¡Qué dulces y elevados eran sus versos!

Yo amo la delicadeza…..
Y se me ha concedido el amor, la luz del Sol y lo bello.

En Egipto, Horus y su tío Seth (ambos dioses muy celebrados) mantuvieron un combate a muerte y el perdedor, dicen textos milenarios, “tuvo que hacer de mujer”. En las tierras de El Nilo también se practicaba la zoofilia y en Persia y Babilonia las costumbres sexuales rivalizaban con las mediterráneas. En Arabia, antes de la llegada de Mahoma, se adoraba a la transgresora diosa Al-Lat, a quien Heródoto identificó con Afrodita.

Etiquetar al colectivo LGTBI, como se está haciendo, es como meterlo en un saco. Eso es una trampa para ir cercándoles en guetos, barrios, islas, zonas rojas etc. Los espectáculos festivos, cabalgatas y concursos, sacan de la oscuridad a esas personas y las hace visibles, pero no es suficiente. Esa performance carece de cemento, de la filosofía fundamental que consolide un proceso integrador y armónico en el tejido social.

Esos hombres y mujeres deberían organizar olimpiadas culturales cada equis tiempo para educar al pueblo. Grandes personalidades del mundo (en los ámbitos de la ciencia, artes, filosofía, etc.) estarían encantadas en participar en ese movimiento transfigurador. Cuando arrecian vientos de cambio, unos ponen muros de contención y otros molinos de viento. También la gente corriente podría organizar, en esas Olimpiadas, talleres, charlas, exposiciones, con el mismo objetivo: “educar al pueblo”.

Y vuelve a cantar Quiquiriquí el Noble Gallo Beneventano para proponer una quema general de etiquetas.

Javier Cortines   Nilo Homérico

Notas

[1Ver El Satiricón de Petronio para conocer las costumbres sexuales de Roma.

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