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Mobile World Congress

1ro de marzo de 2016

Luz y taquígrafos sobre la cara oculta de la industria telefónica

La ’cara B’ de la industría telefónica incluye los problemas que genera la extracción y el comercio de los minerales que se utilizan para la fabricación de los móviles y componentes o las condiciones laborales de las fábricas de China y el Sur de las subcontratas que ensamblan los productos. En la semana del Mobile World Congress cuatro eventos se han atrevido a plantar cara al todopoderoso salón internacional.


Luz y taquígrafos sobre la cara oculta de la industria telefónica

Los números del Mobile World Congress impresionan. Más de 100.000 asistentes, 2.200 expositores, 110.000 metros de exposición. Pero hay temas de los que no oyen hablar ninguno de estos 100.000 asistentes, que no dejan ver ninguno de los 2.200 expositores, que no ocupan ni un milímetro de esos 110.000 metros de exposición. En la gran vitrina de la industria de la telefonía móvil que es el Mobile World Congress, hay cuestiones relativas a esta que no merecen ningún espacio, ningún debate, ninguna presentación. Sin embargo, cada vez tienen más presencia en otros foros.

Aunque no hayan merecido la atención del Mobile World Congress, el debate y las alternativas sobre este sector empiezan a ganarse un espacio en la sociedad. De hecho, este año, cuatro eventos se han atrevido a plantar cara al todopoderoso salón de la GSMA (Grupe Spécial Mobile): el Congreso de Soberanía Tecnológica, las Jornadas AntiMWC, el Mobile Commons Congress y el Mobile Social Congress.

Poner luz y taquígrafos sobre la industria telefónica y dejar al descubierto también su cara oculta era el objetivo que perseguía el último, organizado por Setem y celebrado en el Casinet d’Hostafrancs de Barcelona. La ’cara B’ incluye, por ejemplo, los problemas que genera la extracción y el comercio de los minerales que se utilizan para la fabricación de los móviles o las condiciones laborales de las fábricas de China y el Sur este asiático en las que se ensamblan los dispositivos.

Minerales de sangre

En la jornada participó la presidenta de Amnistía Internacional en Catalunya, Maria Cañadas, que aportó datos de un informe realizado por una delegación de esta organización que visitó la República Democrática del Congo a mediados de 2015. Constataron, entre otras cosas, que gran parte del cobalto que se exporta desde el país africano lo extraen mineros artesanales que trabajan en las regiones del sur sin ninguna autorización ni protección. Entre septiembre de 2014 y diciembre de 2015 fallecieron 80 mineros en accidentes y, según Cañadas, la cifra podría ser más alta porque muchas muertes no se registran. Además de los accidentes, los mineros relataron a la delegación de AI dolores en todo el cuerpo y problemas pulmonares.

El informe constata que la minería se ha convertido en un medio de subsistencia para miles de familias. En la explotación de minerales no trabajan sólo hombres, sino también mujeres y niños. De hecho, Unicef estima que unos 40.000 niños trabajan en las minas del sur de la República Democrática del Congo. Muchos lo hacen antes o después de ir al colegio, o incluso en los descansos.

Las prácticas no responsables no desaparecen en puntos más avanzados de la cadena de suministro de la industria telefónica


AI siguió el rastro de los recursos naturales que se extraían de las minas del sur del país y pudo comprobar que, después de pasar por diferentes manos, acababan en productos de 16 compañías multinacionales, entre las cuales se encontraba Apple, Dell, HP, Huawei, Lenovo, LG, Samsung, Microsoft, Sony, Vodafone, Volkswagen, BYD o Daimler AG. Cañadas lamentó que no se tomen medidas contra las violaciones de los derechos humanos que se producen asociadas a la extracción y explotación de estos minerales. “No hay ninguna excusa para mirar para otro lado”, declaró.

Pero los problemas para el país africano no se quedan ahí, según Josep Maria Royo, miembro de la Red de Entidades por la República Democrática del Congo. Royo habló de la situación de guerra y violencia, así como de la vinculación de la extracción y comercio recursos naturales con la financiación de grupos armados. Ya en 2001, un grupo de expertos de la ONU reveló un listado de empresas mundiales que estaban participando, según ellos, en un expolio sistemático y sistémico de los recursos naturales de este país. Es decir, hay constancia de que el expolio se hace de forma generalizada mediante un mecanismo organizado.

Royo puso de manifiesto que, aunque han pasado quince años desde que salió a la luz la explotación y que esta financiaba una economía de guerra, ningún líder político ha sido encarcelado ni ninguna empresa perseguida por contribuir a ello.

Condiciones en las fábricas

Las prácticas no responsables no desaparecen en puntos más avanzados de la cadena de suministro de la industria telefónica. Alba Trepat, de Setem Catalunya, se encargó de exponer la realidad en las fábricas que producen los dispositivos para las principales marcas del mercado. Según dijo, compañías como HP, Apple, Dell, Samsung o Lenovo subcontratan hasta un 75% de la producción a empresas ubicadas en China, Singapur, Malasia, Taiwan o Corea del Sur.

40.000 niños trabajan en las minas del sur de la República Democrática del Congo

Jornadas de 12 horas, a las que hay que sumar horas extra para completar un salario mínimo que no cubre las necesidades básicas o trabajo forzoso en algunas fábricas de China -se ha detectado que el gobierno chino programa prácticas obligatorias por parte de estudiantes en centros de producción de la industria-. Son algunas de las prácticas que, según Trepat, se llevan a cabo en estas fábricas. Las consecuencias son una elevada siniestralidad, tanto por agotamiento como por el uso intensivo de productos químicos que provocan daños graves en la salud reproductiva, tumores y esclerosis.

El panorama se completa con un nivel escaso de organización de los trabajadores. En China, no existen sindicatos libres, y, en otros países del entorno, la afiliación es muy baja. Además, Trepat señaló que algunas compañías llevan a cabo una política activa contra los sindicatos, con amenazas y coacciones.

Las alternativas

La jornada no sólo sirvió para criticar las prácticas de la industria de la telefonía. También fue el escenario para la presentación de diferentes alternativas. Como Eticom-Som Connexió, una cooperativa que, con la vista puesta en la transformación del modelo económico, trabaja para cambiar uno de los ámbitos que más está creciendo en los últimos años, el de las telecomunicaciones. Ofrece servicios de telefonía móvil, fija e Internet. Y, de momento, tiene 1.330 socios y ha hecho 1.300 contratos. Desde Eticom-Som Connexió, evidenciaron el alto nivel de insatisfacción de los clientes de las operadoras tradicionales. Por eso, esta cooperativa propone actuar, de manera agregada y organizada, para crear un conocimiento compartido que sirva para encontrar las mejores soluciones y ofrecer el mejor servicio al mejor precio.

Por su parte, Fairphone ha demostrado que se puede fabricar un móvil de una manera más ética y responsable. Una de sus fundadores, Daria Koreniushkina, explicó en el Mobile Social Congress cómo, a partir de una campaña para concienciar sobre los problemas que causaba la explotación de minerales en algunas zonas en conflicto de África, surgió la idea de producir un teléfono a partir de una cadena de suministros más transparente y trazable, y fabricado por trabajadores con unas condiciones laborales dignas. En la segunda versión, además se ha hecho un diseño propio modular que facilita las reparaciones y se han utilizado materiales de más calidad que alargan la vida útil del dispositivo.

La jornada también trató temas como la obsolescencia programada, reutilización o software libre. Además de escuchar los debates, los asistentes pudieron instalar en sus ordenadores softeare libre en la Install Party o reparar sus dispositivos electrónicos en la Restart Party. En total, pasaron por el Mobile Social Congress unas 300 personas, y hubo una veintena de personas que participaron en la Install o la Restart Party.

Paula Mateu  

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