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Relatos de otro futuro posible

1ro de abril de 2016

Lovetopía: el país que pensó primero en las personas

El libro de Carlos Goga cuenta la historia de un periodista que es enviado a un país de reciente creación para relatar en directo cómo es ese mundo gobernado por mujeres, en el que la gente cultiva en la calle, se desplaza en bicicleta, consume menos y vive más.


Lovetopía: el país que pensó primero en las personas
Portada de Lovetopía  

Escribo este texto aún a riesgo de quedarme corta. Sería pretencioso intentar resumir las casi 450 páginas de #Lovetopía en 744 palabras. Y, en cualquier caso, si hacerlo fuera posible, les aseguro que entraría en la categoría de tarea titánica.

Lo entenderán mejor si les digo que #Lovetopía es más que una suma de peripecias con principio, nudo y desenlace, tal y como podría esperarse de su título –al estilo de una buena novela de ciencia ficción. Es más que la historia de Rubén, un periodista enviado a un nuevo país para compartir sus impresiones y observaciones con los lectores de la cabecera para la que escribe. #Lovetopía es la descripción minuciosa de una nueva realidad desde todos los puntos de vista imaginables. Cualquiera diría que su autor, Carlos Goga, ha estado en persona en ese nuevo universo del que se retratan desde la vida política y económica, o las fórmulas de gestión de la sanidad, la educación y los recursos energéticos, hasta las relaciones personales e incluso los encuentros sexuales entre sus habitantes.

Ese nuevo país, que surge precisamente en territorio peninsular (y de una oportuna escisión), está gobernado por mujeres. No a la manera del feminismo más recalcitrante, es decir, a toda costa y porque sí, sino explotando esos valores y actitudes que, sin ánimo de caer en estereotipos, suelen estar más arraigados en la naturaleza femenina.Esa es la base sobre la que se asienta un país de organización transparente y descentralizada en el que los ciudadanos participan activa y directamente en la vida política y las comunidades se autogestionan.

Así, agrandes rasgos, #Lovetopía queda definida por el dominio de la agricultura y ganadería ecológicas, el impulso a las economías locales y la primacía de los servicios y productos de proximidad; por la promoción de la economía solidaria y colaborativa, y la moderación del hiperconsumismo. En ese universo, las energías renovables son omnipresentes, claro que sí, y se esfuman los coches en favor del transporte público, las bicicletas o los paseos a pie. Incluso se reforma la educación para hacerla más libre y experiencial.

#Lovetopía no está exenta de propuestas arriesgadas e incluso capaces de despertar un ligero rechazo ­–como los juegos de guerra o la legalización de sustancias más o menos controvertidas. Sin embargo, resulta cuanto menos curioso cómo los aspectos que se describen encajan y se complementan hasta convertirse en una propuesta coherente –y quién sabe si viable. Una sociedad que pone en el centro a las personas, reconstruyéndose sobre las bases de la cooperación, el diálogo y las emociones; tan voluble, impredecible y visceral como la propia naturaleza humana.

Y aquí viene la opinión

Quien diga que es un libro fácil, miente. Ni siquiera tengo la certeza de que fuera el objetivo de su autor.

Es más que una suma de peripecias con principio, nudo y desenlace

Por el contrario,#Lovetopía merece una lectura analítica, pausada. Hay pasajes complejos y muchos apartados que nos obligan a detenernos, releer, cerrar el libro y digerirlo que acaban de contarnos –para bien y para mal. Si bien el escenario que nos plantea es hermoso y deseable en muchos aspectos, roza lo terrorífico cuando nos obliga a mirarnos a nosotros mismos –a lo que somos y a lo que seremos, si no le ponemos pronta solución –con cierto criticismo.

Desde una ficción tremendamente realista en muchas ocasiones, con sutileza pero sin cobardía, #Lovetopía reta al lector a cuestionarse a sí mismo, a dudar de aquello en lo que cree, en lo que ha crecido y está educando a las próximas generaciones. Aunque ese es, al mismo tiempo, el regalo más grande y valioso que hace su autor: la invitación a experimentar lo que se siente al volverse un poquito más lovetopiano. Una propuesta que incluye el perdonarse a uno mismo y a los demás, el aceptarnos en toda nuestra unicidad y humanidad, con nuestras pasiones y nuestras debilidades.

“En esta tierra, somos reales y cometemos errores. Decimos lo siento y nos damos segundas oportunidades. Lo pasamos bien y nos recibimos con abrazos. Perdonamos. Y sí, de manera ruidosa y paciente, nos amamos”.

#Lovetopía, un libro recomendado a quienes creen y a quienes no creen, pero muy especialmente a los políticos –los que se fueron, los que están y los que vendrán. No sólo porque, ironías del destino, venga muy al caso (Lovetopía nace al independizarse varias provincias españolas, cansadas de la corrupción política y el continuo insulto a la inteligencia de sus ciudadanos), sino porque es, sin duda, el futuro al que aspira buena parte de las personas que se han molestado en votarlos.

Isabel Benítez    Periodista y bloguera