Categories

 

Portada > Economías > Economía Feminista > Los circuitos económicos solidarios interculturales


Economía feminista

5 de junio de 2017

Los circuitos económicos solidarios interculturales y los derechos económicos de las mujeres

Resumen del artículo "Dialogando entre los circuitos económicos solidarios interculturales y los derechos económicos de las mujeres. El caso de Loja" publicado en el número 25 de los Dossieres de Economistas sin Fronteras Dossieres EsF, dedicado al tema ’El enfoque de género en la Economía Social y Solidaria: aportes de la Economía Feminista’ que se presentará el próximo 8 de junio en el Espacio de Igualdad Juana Doña, en la Casa del Lector (Paseo Chopera, 10 , Arganzuela, Madrid ), a las 18:00h.


Los circuitos económicos solidarios interculturales y los derechos económicos de las mujeres
MES Madrid (CC)  

Los Circuitos Económicos Solidarios Interculturales (CESI) son espacios de relación más allá de lo económico donde conectar las experiencias de Economía Social y Solidaria (ESS) entre sí y con las personas consumidoras. Son espacios de articulación e intercambio, no solo de los productos y servicios de la ESS, sino también de sus saberes, prácticas y experiencias, donde adquieren relevancia aspectos como las relaciones responsables y recíprocas, los cuidados y la convivencia. Este circuito se genera a través de múltiples herramientas (web, encuentros, acuerdos de intercambio, mercados, etc.), siendo una de las más visibles las ferias solidarias. Ésta es la propuesta del Movimiento de Economía Social y Solidaria del Ecuador (meSSE) como práctica alternativa al poder del mercado neoliberal, con características particulares en cuanto a enfoques, herramientas y resultados.

De acuerdo con nuestra experiencia y también con el discurso de los movimientos de ESS, las mujeres desempeñan un papel protagónico en los CESI, lo que movería a pensar que la articulación de las mujeres al mismo podría ser una estrategia para su empoderamiento. Esta idea nos movilizó: ¿es esto cierto?, ¿son las prácticas de ESS y su articulación más efectivas para el empoderamiento de las mujeres que las prácticas económicas convencionales? Y, si contaran con limitaciones, ¿qué factores habría que abordar para promover el potencial transformador de los CESI en las situaciones particulares de las mujeres?

Para responder a estas preguntas iniciamos todo un viaje a través de diálogos entre derechos, principios, vivencias y sobre todo entre mujeres. En este artículo solo podemos rescatar algunas pinceladas, pero el recorrido teórico y práctico de este viaje ha sido recogido con detalle en un libro, con el doble objetivo de visibilizar el papel de las mujeres en la ESS, sus derechos y demandas, y devolver en formato accesible a las personas participantes sus aportaciones para que puedan continuar deconstruyendo y construyendo (Urretabizkaia y Fernández- Villa, 2015).

El recorrido teórico trata de entender qué son los derechos económicos de las mujeres a través de un análisis feminista de los artículos pertinentes del Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC) y observa que en principio los principios que orientan los CESI pueden recoger y sostener estos derechos económicos desde la perspectiva feminista. Esta constatación teórica nos lleva a emprender el recorrido práctico en Loja gracias al conocimiento de primera mano que teníamos de las iniciativas de ESS en la zona debido a dos proyectos de cooperación que se desarrollaron entre 2011 y 2015. La provincia de Loja está ubicada en el extremo sur de la cordillera ecuatoriana y cuenta con una superficie de 10.793 km2 y una población de 448.966 habitantes. La mayoría de estas iniciativas están muy vinculadas a la agricultura, y en concreto a la agroecología, ya que de los 16 cantones que tiene Loja 13 son rurales. Teniendo esto presente organizamos un taller de reflexión con 23 mujeres activas en 11 organizaciones lojanas, en donde contrastaban y debatían en grupos de discusión en qué medida los CESI se relacionaban con sus vivencias y cuáles eran sus implicaciones prácticas. También aplicamos dos encuestas a 82 mujeres sobre indicadores de empoderamiento de las mujeres.

De acuerdo con los datos de las encuestas y los resultados de los grupos focales, a grandes rasgos podemos afirmar que la participación de las mujeres en los CESI ha contribuido al avance en el ejercicio de sus derechos económicos y en su empoderamiento a diferentes niveles como el económico, el político y el personal y la relativa rapidez en los cambios apunta a que las prácticas de los CESI son más efectivas para el empoderamiento de las mujeres que las prácticas económicas convencionales. No obstante, si ahondamos en el análisis feminista y entramos a profundizar en los cambios que cuestionan la cultura patriarcal, más allá de las mejoras en el trabajo estrictamente productivo, nos encontramos con el reto siempre pendiente de los escenarios y trabajos reproductivos y de cuidados, gracias a los cuales se garantiza de manera gratuita e invisibilizada la sostenibilidad de la vida.

Por un lado, las mujeres son conscientes del trabajo que realizan en los hogares y consideran que a lo largo del proceso de articulación en CESI se ha avanzado en valorarlo y compartirlo en las familias, a partir del diálogo y la negociación de nuevas reglas, considerando que la propuesta holística e integral que trae consigo la agroecología ha podido tener mucho que ver en este sentido. En el otro lado de la balanza, no parece que una mayor implicación de las mujeres en el entorno productivo suscite una respuesta equivalente de implicación de los hombres en lo reproductivo en la misma proporción. Desde que las mujeres participan en los CESI, además de producir agroecológicamente y cumplir con los trabajos de la casa, transforman y procesan los productos, participan en ferias, manejan cuentas y gastos, lideran emprendimientos económicos y ocupan cargos directivos en las organizaciones. En algunos casos no se han podido vencer las resistencias de sus familias y/o esposos a que las mujeres al participar en el CESI pierdan tiempo de cumplir con su trabajo obligatorio en el hogar, por lo que podemos considerar que los CESI han contribuido a mitigar y solucionar tensiones preexistentes, pero también pueden generar nuevas en torno a este abandono de los hogares por parte de las mujeres.

Una mayor implicación de las mujeres en el entorno productivo suscite una respuesta equivalente de implicación de los hombres en lo reproductivo en la misma proporción


Esto nos lleva al análisis del acceso y control de las mujeres de un recurso esencial para la sostenibilidad de la vida y al que se ha prestado insuficiente atención: el recurso tiempo. Al plantearse las mujeres si su articulación en los CESI ha supuesto cambios en este sentido encontramos posturas divergentes. Para algunas mujeres ha supuesto una carga más, difícil de conciliar con las ya existentes, mientras otras mujeres consideran haber aprendido en el proceso a administrar e invertir mejor sus tiempos. Las opiniones diferenciadas en este aspecto nos muestran que se trata de un tema pendiente, variable según las circunstancias que rodean a las propias mujeres, en donde las redes de apoyo mutuo se han convertido en un recurso imprescindible para atender todos estos frentes. Una interpretación más política de este hecho es que, por el momento, la responsabilidad de resolver la pobreza de tiempo aún recae sobre las propias mujeres y no es asumida familiar, comunitaria, organizacional o socialmente.

En suma, podemos considerar que los CESI amplían la oportunidad de las mujeres de acceder a nuevas tareas. Sin embargo, esto no significa que se haya superado la división de roles tradicional. El trabajo productivo en las condiciones actuales es un medio necesario para garantizar la autonomía económica de las mujeres, pero no garantiza por sí solo el conjunto de cambios que las mujeres necesitan. El cambio en las relaciones es la tónica dominante de la articulación en torno a los CESI, tanto a nivel intraorganizacional −e interorganizacional− como intrafamiliar e interpersonal; aun así no se trata de un cambio sencillo ni se da de un día para otro. Si el cambio en el modelo productivo es un proceso que lleva su tiempo y compromiso, otro tanto ocurre con el cambio en el modelo reproductivo.

Para avanzar en esta dirección las mujeres participantes descartan culpabilizar a los hombres, en busca de una reflexión colectiva que vaya más allá y cuestione los modelos de reproducción social. Frente a las estrategias que cada mujer pelea casi en soledad con sus parejas y familias, surge la necesidad de elaborar y poner en práctica estrategias colectivas que acompañen estos procesos. Algunas de las estrategias puestas en práctica en organizaciones lojanas han sido la formación en equidad de género, la incorporación de hombres a la organización manteniendo el liderazgo de las mujeres y la generación de espacios de socialización y celebración colectiva donde se ejemplifican nuevas maneras de pensar, sentir y distribuir los trabajos.

Para apoyar estos procesos de cambio, las organizaciones, redes y movimientos de ESS, como protagonistas de una propuesta alternativa de vida, no deben perder de vista las dimensiones no estrictamente económicas de la ESS e integrar de forma sistemática en sus iniciativas y encuentros los aspectos del cuidado y la convivencia en los CESI, como espacios eminentemente relacionales. Asimismo, corresponde a las instituciones públicas que la erradicación de la pobreza de tiempo se convierta en un objetivo de sus políticas, con el mismo rango con el que se procura luchar contra otras manifestaciones de la pobreza. Se trata de impulsar políticas públicas que comprometan recursos para facilitar los cuidados de la población a lo largo de las fases de la vida, de forma que cada agente −hombres, mujeres, comunidad, sociedad, Estado− ejerza parte de los cuidados que le corresponden, agotando su margen de maniobra y redistribuyendo un trabajo que hasta ahora ha permanecido casi exclusivamente en manos de las mujeres.

Solo entonces los CESI cumplirán su misión de servir a una economía para el Sumak Kawsay, horizonte que comprende un equilibrio global entre mujeres, hombres y naturaleza, y que requiere para su construcción el empoderamiento de las personas, el fortalecimiento de sus organizaciones, la articulación de alianzas, la puesta en práctica de opciones alternativas que cuiden la vida y políticas públicas al servicio de las poblaciones que las reclaman, ganando una mayor coherencia entre el discurso y la práctica.

Leticia Urretabizkaia Gil    Hegoa

Comentar