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La historia monumental, la historia anticuaria y la historia crítica

18 de octubre de 2015

Las tres caras de Clio

El filósofo alemán Friedrich Nietzsche dice en su ensayo “Las Tres Caras de Clío” [1] que hay tres tipos de Historia: la monumental, la de la cultura dominante, “que retrata la memorial oficial y desde arriba”; la anticuaria, que se recrea en la conservación del pasado y en el apego a las raíces, y la crítica, que es la que trata de ajustar cuentas con el pasado y poner cada cosa en su sitio


Las tres caras de Clio
Monumento a las Cortes de Cádiz. Foto: Ali Eminov (CC)  

La Historia Monumental (la oficial) es la que los gobernantes intentan meternos a todos en la cabeza. Con ella se trata de educar al pueblo con “acontecimientos que nos elevaron y nos hicieron únicos”. Ejemplos monumentales son “El Día Nacional” [2] o la “Transición Democrática”. Esta “visión” se enseña en las escuelas y en la televisión. Se transmite por la monarquía o su equivalente; la Iglesia; las elites; los caudillos militares; las universidades y prensa del “establishment”, entre otros escultores de masas.

La Historia Anticuaria (la momificada) es aquella que siente fascinación por el legado de nuestros ancestros, ya sean las procesiones de Semana Santa; la Sagrada Familia de Gaudí; el Camino de Santiago o el torreón de Dalí. Con el hábil manejo de su atractivo se invita a huir de la realidad y se cultiva la adoración ciega a la patria. En España, esa genial política, -unida al sol, la playa y la gastronomía-, ha hecho milagros.

La invasión del turismo masivo, con horrendos cruceros de seis pisos de altura que deforman ciudades únicas en el mundo, como Barcelona o Venecia; el consumismo convulsivo que tanto agrada a la banca y a sus tarjetas de crédito; la especulación inmobiliaria y su vástago, la corrupción; y la “monstruización” de las costas e islas paradisíacas, son algunos de los efectos colaterales de esa historia museística.

La Historia Crítica (la necesaria) es aquella que desconfía de la historia oficial, la escuela, la televisión, la prensa carpetovetónica, los retratos que nos presentan los Leonardos Da Vinci de Wall Street, etc. La crítica nos pide que le prestemos la máxima atención a “El Grito” de Munch y que, a través de la reflexión, el análisis y el cotejo, aprendamos a ver las cosas con nuestros propios ojos, no con ojos de segunda mano.

La Historia Crítica es aquella, -como ya dijimos-, que trata de ajustar cuentas con el pasado y poner cada cosa en su lugar. Eso debe hacerse desde una perspectiva que aborrezca el relativismo y busque apartar la paja del ojo, porque, al decir de Nietzsche, “todo pasado es digno de ser condenado”. Se trata, ante todo, de romper con los mitos propagandísticos y teológicos, y abrir espacios para que impere la razón y el sentido común. (Hay mentiras que duran cinco minutos; otras, siglos, incluso milenios)  [3].

El maestro de la sospecha hace un modesto esbozo de historia crítica (lo señalo en relación a su ensayo), al referirse a la expulsión de los judíos y musulmanes por los Reyes Católicos. Mientras su destierro forzoso es considerado por la historia oficial un acontecimiento de primera magnitud para lograr “la unidad territorial y religiosa”, Nietzsche habla así de la Iglesia y los patrocinadores de la Santa Inquisición [4]:

Los católicos rechazaban la carne y la limpieza ya que ésta es sensual; la Iglesia es enemiga declarada de la limpieza (la primera medida cristiana después de la expulsión de los moros españoles, fue la clausura de todos los baños públicos, sólo en Córdoba había doscientos setenta)  [5].

El cristianismo (al que considera el vampiro del Imperio Romano), después de arrebatarnos la herencia del genio de los antiguos (griegos y romanos) nos robó la herencia del Islam. La maravillosa civilización árabe de España fue pisoteada (no diré por qué pies). Los cruzados lucharon (…) contra una civilización que haría parecer a nuestro siglo XIX muy pobre y atrasado [6].

Aquí conviene recordar que Juana (la loca) fue considerada por sus padres una especie de súcubo. La culpa la tuvo una doncella árabe – que prestaba sus servicios en la corte de Flandes-, que envició a la joven a bañarse desnuda todos los días. La muchacha tampoco sentía vergüenza de su cuerpo, disfrutaba de la vida y amaba con pasión.

Dicen que Isabel era una mujer avanzada para su época, yo pienso todo lo contrario: fue precursora de tiempos oscuros. En el siglo XXI, la hubieran puesto una camisa de fuerza y hubiera sido acusada de fomentar el terrorismo fundamentalista. En cambio su hija Juana, -que en un acto de rebeldía se negó a recibir la extremaunción-, hubiera sido considerada una joven vanguardista, valiente, progresista, etc.

Escribo esta crónica pocas horas después de escuchar en el autobús una conversación de “historia monumental” entre un hombre y una mujer de edad avanzada:

Hombre: ¿Pero qué pasa con la independencia de Cataluña? Fueron personas venidas de toda España las que levantaron Cataluña.

Mujer: Estás en lo cierto. Es incomprensible. ¡Una auténtica locura!

Hombre: Lo mismo ocurrió en América Latina, fueron los extranjeros, los que vinieron de fuera, los que levantaron el continente.

Mujer: Tienes toda la razón del mundo ¿Dónde estaría ahora América Latina si los españoles no hubieran llevado la civilización?

Y vuelve a cantar Quiquiriquí El Noble Gallo Beneventano para exigir que le dejen pronunciar un discurso en el Parlamento Europeo y en el Congreso de EEUU para explicar cómo los bancos se quedan con los huevos y cómo prestan dinero a los clientes para que compren pienso a las gallinas. Conclusión: en el banco se entra entero, y se sale eunuco.

Javier Cortines  

Notas

[1El historiador Raimundo Cuesta analiza las “Tres Caras de Clío” en su ensayo “Europa es el problema y España no es la solución. La educación histórica en las identidades post-nacionales”. (Pliegos de Yuste, marzo 2009).

[2Cuando la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, dice que “no hay nada que celebrar el 12 de octubre” no está cometiendo ningún dislate, como afirma la derecha carpetovetónica et al. Es un grave error celebrar el mismo día la Fiesta Nacional y el feliz momento en el que los indígenas descubrieron a los españoles. Iñigo Errejón (PODEMOS), ha lanzado la buenísima idea de festejar el Día Nacional, el 19 de marzo, fecha de celebración de la Constitución de Cádiz, lo que terminaría con estériles polémicas.

[3“El Arte de la Mentira política” de Jonathan Swift. (Ed. CENTELLAS).

[4

[5Friedrich Nietzsche. “El Anticristo”. Ed. Brontes.

[6Op. Cit. PP. 43 y 120.