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En España la ley fija un mínimo del 40%

9 de febrero de 2015

Las mujeres en los parlamentos

En el mundo existen sólo 18 países en los que la representación femenina en su parlamento es igual o mayor a un 36,9%.
Ruanda contaba en 2013 con un 63,8% de parlamentarias. Detrás del país africano están Bolivia, Andorra y Cuba. Suecia es el primer país perteneciente a la UE que aparece en esta lista de países con mujeres en sus parlamentos nacionales.


Las mujeres en los parlamentos
Xaf  

La Declaración Universal de Derechos Humanos establece que toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país. Las mujeres hemos conseguido el derecho a votar y a participar en la vida política, sin embargo no ejercemos ese derecho. En el mundo existen sólo 18 países en los que la representación femenina en su parlamento es igual o mayor a un 36,9%.

A la cabeza se encuentra Ruanda que en 2013 se consolidó como país con mayor porcentaje de mujeres parlamentarias y alcanzó el 63,8%, siendo la primera vez en la historia en que las mujeres representan más del 60% de los miembros de un parlamento. Le siguen Bolivia, Andorra y Cuba. Suecia, en quinto lugar, es el primer país perteneciente a la UE que aparece en esta exigua lista de países.

También fue un año histórico para Arabia Saudí con el nombramiento de 30 mujeres al Consejo de la Shura por primera vez en la historia y para Jordania con la elección de 18 mujeres al parlamento gracias a las políticas de cuotas. Sin embargo, en 2013 sólo 40 mujeres eran presidentas de un parlamento lo que supone el 1.8%. Está claro que aunque se va mejorando queda mucho por hacer.

¿Es justo que la visión femenina, la visión de la mitad de la población, no sea contemplada a la hora de legislar?


En el parlamento europeo se produjo un notable aumento a partir de la década del 2000 que podría deberse a la introducción de cuotas electorales de género en varios estados miembros, entre ellos España. Para las elecciones europeas de 2014, ocho estados miembros tenían cuotas de género que afectaban a la composición de las listas electorales. Los más exigentes eran Bélgica y Francia que exigían listas de paridad del 50%. Eslovenia y España optaron por una representación equilibrada, es decir que en estos dos países, cada sexo debía estar representado por al menos el 40% de los candidatos de la lista. Polonia, por su parte, estableció también la representación equilibrada pero reduciendo el porcentaje, con al menos el 35% de cada género. Portugal reduce todavía más ese porcentaje bajándolo a un 33% como mínimo de cada sexo en sus listas. Croacia también ha presentado listas con equilibrio de género, pero el requisito será exigible legalmente, a partir de 2019.

Algunos estados miembros para garantizar que los candidatos de ambos sexos, en particular las mujeres, tengan oportunidad de salir electas, exigen la ordenación alternativa de hombres y mujeres en la lista. Es lo que se llama "comprimir" la lista. La forma de llevar a cabo esta alternancia es variada. Por ejemplo, en Francia y Bélgica la alternancia sólo es exigida en los dos primeros puestos de la lista. En Portugal la alternancia se establece con la condición de no existir más de dos candidatos consecutivos del mismo sexo en la lista. La legislación electoral eslovena requiere al menos un candidato de cada género para ser colocado en la mitad superior de la lista.

En España, la proporción 40-60% tiene que ser mantenida dentro de cada cinco candidatos en la lista. Algunos estados miembros tienen cláusulas de género para las elecciones nacionales, pero no para las elecciones europeas, por ejemplo, Grecia e Irlanda. En cuanto al cumplimiento de estas exigencias mientras que en algunos estados si la lista electoral no cumple los requisitos de la cláusula de género no son válidas como en España o Eslovenia, en otros tales listas son admitidas a las elecciones, pero el partido o coalición es castigado con una multa o una reducción de los subsidios de campaña electoral como ocurre en Portugal. Como se ve la diversidad es máxima. Pero lo cierto es que cuando se han introducido las cuotas como acción positiva se ha conseguido un aumento de las mujeres elegidas en las elecciones. Las cuotas han demostrado ser efectivas como no lo habían sido otras maneras de consolidación de la igualdad de género como la capacitación, la militancia política, la buena voluntad o simplemente la conciencia de igualdad.

Siguiendo con la situación en la Unión Europea, nos encontramos con otros estados en los que no existe una cuota de género electoral jurídicamente vinculante. En ellos son los partidos políticos los que suelen introducir voluntariamente cuotas en sus listas. Tratan de aumentar la presencia de las mujeres de forma progresiva, es la llamada ’vía incremental’. Teniendo en cuenta los ejemplos de los países donde se da esta tendencia, Suecia, Dinamarca o los Países Bajos, parece que esta fórmula también es positiva ya que sus parlamentos nacionales tienen grandes porcentajes de mujeres. En Suecia el sistema cremallera (alternar ambos sexos en las listas) está muy extendido. Cinco partidos lo utilizan para conseguir equilibrio de género y su éxito hace que el nivel de diputadas de este Estado sea de los más altos.

Sin embargo la utilización de cuotas sigue siendo controvertida. La crítica más extendida es la falta de justicia que refleja este mecanismo. Pero ¿es justo que la visión femenina, la visión de la mitad de la población, no sea contemplada a la hora de legislar? Porque hombres y mujeres no damos las mismas respuestas a los mismos problemas y no tenemos las mismas prioridades a la hora de legislar. El sistema de cuotas también ha sido criticado por ser discriminatorio contra otros grupos sociales subrepresentados. Ahora bien ¿las mujeres podemos ser consideradas como un grupo social en contraposición al grupo social masculino? ¿No pertenecemos todos y todas a la misma sociedad? Hombres y mujeres pertenecemos al mismo grupo social pero la posición de las mujeres ha sido siempre una posición de inferioridad. Como señala Simone de Beauvoir las mujeres no podemos ser las Otras. La relación entre hombres y mujeres es de reciprocidad, no puede ser de inferioridad.

El sistema de cuotas no se puede plantear tampoco como la única solución para la participación de la mujer en los parlamentos y en general en la vida pública. Situar a más mujeres en posiciones visibles y facilitar prácticas de trabajo compaginables con la familia para la totalidad de los parlamentarios harían que los puestos políticos sean vistos como una posibilidad real para las mujeres. Pero para que la participación sea equitativa y las mujeres electas ahonden en la democracia y el bienestar de la población necesitamos más acciones. Necesitamos introducir la perspectiva de género en todas las políticas como un eje transversal que abarque todos los aspectos de nuestra sociedad. Parlamentos y gobiernos que no tienen en cuenta la visión femenina de la realidad, no hacen sino despreciar y desaprovechar el potencial de la mitad de la sociedad a la que intentan representar.

Rosario Goñi    Economistas sin Fronteras

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2 Mensajes
  • Loïc 11 de febrero de 2015
    13:39

    Efectivamente, en un tema complejo donde parece que hay que encontrar una justa medida, que es además bastante subjetiva. Siempre, lo que a unxs les parecerá suficiente, a trxs les parecerá demasiado poco.

    Escribes "Porque hombres y mujeres no damos las mismas respuestas a los mismos problemas y no tenemos las mismas prioridades a la hora de legislar" como argumento para defender la idea de que deberíamos tener tantas mujeres como hombres en las instituciones.
    Si me hago abogado del diablo, siguiendo esa lógica, se podría argumentar que entonces que hace falta un numero de jóvenes y de ancianos que refleja la proporción en la sociedad porque tienen una forma distinta de ver le mundo, o un numero de empresarixs y empleadxs que refleja la proporción en la sociedad porque tb tienen una forma distinta de ver el mundo, ...
    ¿qué contestar a ese tipo de observación?

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    • Rosario Goñi 11 de febrero de 2015
      20:55

      Primero agradecer tu comentario que me permite profundizar en la idea de la necesidad de explicar que el grupo social constituido por las mujeres es un grupo que se establece de forma subordinada no complementaria. Jóvenes y ancianos, trabajadores y empleados son complementarios. Dentro de cada uno de esos grupos existe desgraciadamente la subordinacion entre hombres y mujeres. Es verdad que cada persona tenemos una visión distinta del mundo según nuestras experiencias pero solo las mujeres tenemos esa visión de colectivo subordinado a otro. Es un tema complejo por supuesto y por ello lo más adecuado es debatir dentro de las organizaciones en igualdad de condiciones cómo deben o pueden organizarse.

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