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La decadencia del Plan A de Europa

24 de marzo de 2016

Las externalidades de nuestro bienestar

Se necesita una reflexión en profundidad sobre la crisis sistémica en la que nos encontramos. En las pasadas jornadas del Plan B que se realizaron en Madrid, de la mano de pensadoras, activistas, políticas y académicas se analizaron las fuertes interrelaciones entre las diferentes crisis.


Las externalidades de nuestro bienestar
Tracy Hunter (CC)  

El cambio de paradigma que se encuentra en la concepción del Plan B tiene presente la crisis sistémica como una amalgama de síntomas, estructuras y creencias que se sostienen y alimentan unas a otras. Es en esa interacción donde vemos con claridad la decadencia profunda que vive el sistema que se desvanece ante nuestros ojos, es decir, vemos cómo se desvanece el Plan A de Europa.

La Europa del Plan A es la Europa del reduccionismo y de la mecánica, que ha creado un plan lleno de líneas rectas y soluciones únicas a problemas complejos e interconectados. Un plan que, incapaz de imaginar un mundo nuevo, está condenado a repetir su historia. Y así es como vuelven las recetas de austeridad que fallaron social, política y medioambientalmente en América Latina, África y Asia, y ahora impuestas sobre la Europa del Sur con semejantes resultados.

Sol Sánchez, diputada de Izquierda Unida, afirmó durante las jornadas del Plan B que Europa es consciente de que estas políticas no funcionan. La representante de Izquierda Unida opinó que esta Europa se ha quedado sin ideas, y tan sólo aporta soluciones únicas a problemas complejos: el modelo económico único, el PIB como única medida, de la propuesta única a la crisis de refugiados.

García-Margallo, el Ministro de Exteriores y Cooperación del PP le comentó que la solución a la crisis de refugiados actual es "pagar a Turquía. O eso, o el final de Schengen".

Esta Europa forma parte del pasado y la crisis sistémica es un síntoma agudo de su declive

¿Pero qué quiere decir crisis sistémica? Es el mal funcionamiento estructural de un sistema determinado. Cuando el conjunto de estructuras que hemos creado, en base a una visión del mundo, está produciendo consecuencias no deseadas y que ponen en riesgo nuestra propia supervivencia.

Fritjof Capra, científico y pensador sistémico afirma que: «El paradigma obsoleto consiste en una enquistada serie de ideas y valores, entre los que podemos citar la visión del universo como un sistema mecánico compuesto de piezas, del cuerpo humano como una máquina, de la vida en sociedad como una lucha competitiva por la existencia, la creencia en el progreso material ilimitado a través del crecimiento económico y tecnológico y, por último pero no menos importante, la convicción de que una sociedad en la que la mujer está sometida al hombre por doquier, no hace sino seguir las leyes naturales» (F.Capra 1996).

Es importante resaltar en esta concepción sistémica de la crisis, que estas consecuencias catastróficas que vivimos no son el producto de fallos en el sistema sino más bien síntomas de un sistema que funciona perfectamente. Y para poder comprender bien el porqué de estos síntomas debemos bucear hacia la base del iceberg donde se encuentran las estructuras, valores y creencias que los sustentan.

Itziar Ruiz-Jiménez Arrieta en las pasadas jornadas del Plan B aseveró que la crisis migratoria “es una consecuencia de nuestro sistema occidental funcionando perfectamente”.

“El resultado de las políticas internacionales frente a la crisis de refugiados son costosas, inhumanas e ineficaces".


En la base de nuestra sociedad del bienestar y el desarrollo se encuentra el modelo económico neoliberal, el patriarcado, el antropocentrismo, el reduccionismo y el colonialismo como marcos de pensamiento y estructuras en sí mismas. Estas estructuras de funcionamiento han permitido a los países de occidente crear su riqueza apoyándose en el trabajo esclavo y gratuito de las mujeres en todo el mundo, en el expolio a la naturaleza y en la explotación de otros pueblos dentro de sus fronteras o en las nuestras.

“El resultado de las políticas internacionales frente a la crisis de refugiados son costosas, inhumanas e ineficaces. ¿Y porqué continúan? Porque su objetivo no es acoger a las personas sino que estas lleguen en determinadas condiciones de falta de derechos. Estas políticas exteriores además alimentan algunos de los sectores de desarrollo predilectos en Occidente, el negocio de la seguridad y la guerra”, concluía Ruiz-Jiménez.

Desde antes de la Segunda Guerra Mundial y desde el nacimiento del concepto de desarrollo en los años 40 se vincula el desarrollo económico con el negocio de la guerra. Así fue como EEUU salió de su crisis del 29 gracias al plan Marshall. Este concepto de desarrollo se extrapoló a Europa y lo estamos sufriendo ahora. Yanis Varoufakis durante las jornadas del Plan B advirtió no sólo del surgimiento de los fascismos en Europa sino del uso de la “guerra” como mecanismo para salir de la crisis.

Las tres fuentes de explotación sobre las que se sustenta nuestro modelo socioeconómico

Para promover el bienestar de forma equitativa en una sociedad hay que disminuir los costes sociales y maximizar su rentabilidad. Nuestro sistema económico sin embargo hace lo contrario. El mercado libre que enmarca nuestra economía, al que se le conceden aún hoy capacidades como la autoregulación, distribución y una tendencia natural al equilibrio, no hace más que maximizar la rentabilidad privada, es decir los beneficios, y socializar gran parte de los costes, es decir las externalidades negativas que no paga ni el empresario ni el consumidor o consumidora. ¿ Y quién se beneficia principalmente de un mercado que funciona de esta manera? El que parte con ventaja, destinado a tener éxito, es decir el “hombre blanco propietario”.

¿Quién paga entonces ese precio diferencial, sobre quién recaen las externalidades negativas, quiénes son?

Son los seres vivos con menos o sin derecho alguno, aquellos y aquellas sin voz son los que pagan el precio de nuestro desarrollo económico.

A este respecto Ruiz-Jiménez analiza las tres principales fuentes sobre las que se sustenta la riqueza occidental:

  • El trabajo invisibilizado de las mujeres. “Para que una persona pueda incorporarse al mercado laboral tiene que ser cuidada, querida, alimentada a lo largo de toda su vida. Este trabajo ha recaído en las mujeres en la gran mayoría de las culturas y supone más de la mitad del PIB”. En España concretamente el 53%, pero es un coste social que pagan las mujeres y del que se beneficia el mercado privado, que recibe al trabajador listo para producir.
  • El expolio de los recursos de la naturaleza para la producción constante de “cosas” que está convirtiendo nuestro planeta en un estercolero, mediante la producción, el consumo y la disposición. Nuestro modelo de desarrollo que se basa en el crecimiento ilimitado y por tanto en el consumo constante, choca de frente con los límites del planeta y con los recursos finitos. Este consumo que está siendo muy superior a la capacidad de regeneración de la tierra, es lo que tiene hoy pendiendo de un hilo nuestras posibilidades de sobrevivir como especie.
  • Las espaldas mojadas de aquellas personas que emigran de sus países huyendo de la guerra, la escasez, la falta de oportunidades o las persecuciones sociales. Personas sin derechos, sin papeles, son personas que trabajan el doble por la mitad del salario. Si seguimos la lógica de la externalización de costes, son los “inmigrantes ilegales” los que acarrean un porcentaje de nuestra riqueza a sus espaldas.

“¿Quién tiene derecho a tener derechos?”

El nacimiento de la declaración universal de derechos se formuló “considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad." (Asamblea General UN,1948).

Derechos civiles y políticos, económicos, sociales y culturales, derecho a la justicia a la paz y la solidaridad. La declaración reconoce estos derechos que en la práctica solo algunos y algunas disfrutamos en su totalidad. Por ejemplo, se reconoce el estatuto de refugiado en relación a los derechos civiles y políticos, pero deja sin derechos y protección a aquellas personas que huyen de la hambruna, de la falta de oportunidades, de lugares donde se les niega una vida digna, migrantes climáticos que se ven forzados a abandonar sus tierras por la desertificación, las inundaciones, la infertilidad. Habitantes en su mayoría de países colonizados y expoliados por occidente en el pasado.

¿Por qué estas personas no están protegidas o son consideradas refugiadas? Según la definición de migrante de la Organización Internacional para las Migraciones (IOM) “migrante es aquella persona que se mueve de su país por “conveniencia personal” y como resultado de una decisión tomada libremente”.

Las noticias en Calais, Lesbos, Chios, Ceuta, Melilla, Canarias nos muestran que las crisis migratoria son un síntoma de nuestro sistema funcionando perfectamente.

María Llanos del Corral     Eroles Project

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