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El tiempo de trabajo y el tiempo de descanso son las dos caras de una misma moneda

9 de agosto de 2015

La pereza y el puño

¿Qué es la vida sino el consumo de nuestro tiempo? Llegados a este momento, cualquier trabajo será un regalo, aunque lo que gane no le permita llegar a fin de mes. ¿Podemos como sociedad permitir esto? Todo parece que va mejor si crece, si aumenta. Necesitamos parar. Necesitamos pereza. Algunas propuestas plantean liberar tiempo de trabajo para realizar otras tareas, quizás mucho más importantes.


La pereza y el puño
Kevin Harber  

La pereza del estío. La pereza, uno de los pecados capitales. La pereza, descuido de obligaciones y deberes. Lafargue la elogiaba hace años en un texto que no ha perdido vigencia. ¿Será que nos estamos volviendo todos marxistas o utópicos?

Parece ilógico reclamar el derecho a la pereza cuando toda la sociedad reclama el derecho al trabajo. Ahora que tanto paro hay, parece fuera de lugar negar el derecho al trabajo. Todos tenemos derecho al trabajo. “Toda persona tiene derecho a trabajar y a ejercer una profesión libremente elegida o aceptada”, así se reconoce en la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE. Además no nos merecemos cualquier tipo de trabajo. Así también se especifica en la Carta europea, “todo trabajador tiene derecho a trabajar en condiciones que respeten su salud, su seguridad y su dignidad”.

El tiempo de trabajo y el tiempo de descanso son las dos caras de una misma moneda. Una moneda que conforma nuestra vida porque tiempo económico y tiempo vivido, son tiempos que necesitan equilibrio. ¡Qué ingenuo! Para una familia en la que todos sus miembros están en paro, no hay posibilidad de elección. Cualquier trabajo será un regalo, aunque lo que gane no le permita llegar a fin de mes. ¿Podemos como sociedad permitir esto? La sociedad tiene que ser mucho más que un sistema organizado de relaciones que se establecen entre un conjunto de personas. Así lo hemos propuesto con otro derecho fundamental, la igualdad. Todos somos iguales.

“Todo trabajador tiene derecho a trabajar en condiciones que respeten su salud, su seguridad y su dignidad” (Carta de los Derechos Fundamentales de la UE)


Los últimos datos sobre el empleo se han calificado de excelentes. El número de asalariados crece, en el último trimestre en 368.400. Los que tienen contrato indefinido aumentan en 60.800, mientras que los de contrato temporal lo hacen en 307.600. La tasa de temporalidad sube casi 1,5 puntos, hasta el 25,09%. La mejora cuantitativa no es tanta mejora si cualitativamente seguimos construyendo una sociedad segmentada y cuya fragmentación va en aumento. La urgencia de la crisis económica es tal que buscamos soluciones a corto plazo. Sin importar mucho las condiciones de trabajo y el sector en el que se crea. ¿Qué tipo de trabajo está generando nuestra sociedad? ¿Qué tipo de trabajo se está favoreciendo?

Esa idea obsesiva por el crecimiento. Todo parece que va mejor si crece, si aumenta. En una serie televisiva muy apreciada por los jóvenes políticos se preguntaba qué era mejor si 5 o 1. De forma muy gráfica y para niños se acaba con esa idea obsesiva de tener más para ser, en este caso, más fuerte. En un plano corto aparece una mano con cinco dedos extendidos y una mano cerrada formando un puño. La economía, la que nos gusta, la economía justa y solidaria, busca crear ese puño. Es la sociedad en su conjunto la que tiene que beneficiarse de la economía. El beneficio económico que produce nuestro trabajo debe repartirse tanto entre trabajadores como entre empleadores. Hasta hace poco tiempo se venía haciendo y la jornada laboral ha ido reduciéndose sin que por ello el desarrollo económico se parara. Al contrario el desarrollo económico ha ido de la mano del desarrollo social, del estado del bienestar.

Trabajar menos es beneficioso

El tiempo de trabajo retribuido debe reducirse. Algunas propuestas ya plantean reducirlo a 30 horas semanales. Se libera tiempo así para otros trabajos igual o más importantes. Trabajo de cuidados, de relaciones, de crecimiento personal. Trabajo en actividades públicas, en actividades solidarias, en participación ciudadana. Este reparto del tiempo en distintas actividades hace que la vida sea más rica, menos consumidora y por supuesto más sostenible. Porque Lafargue también critica y lo hace en 1880, el consumismo frenético que nos lleva a trabajar más para consumir más pero sin tiempo para disfrutar de lo que hemos adquirido. Cada vez menos felices buscamos la felicidad en otra vuelta a esta espiral consumidora sin fin. La locura del consumista o la desesperación del parado hacen que toda nuestra vida gire en torno al trabajo remunerado y al tiempo que dedicamos a él o simplemente a buscarlo cuando no lo tenemos. Cada vez queremos trabajar más para consumir más. Un trabajo que no tiene en cuenta los límites de la Tierra no es trabajo. Se explota a la Naturaleza, se explota la mano de obra. ¿Para qué?

Necesitamos parar. Necesitamos pereza. Recojo una propuesta de la Economía del Bien Común, cada diez años de trabajo, obtener un año sabático financiado a través de un salario mínimo incondicional. Los perezosos podrán hacer lo que quieran. Igual, alguno compone una Sinfonía, escribe una Odisea, o simplemente se dedica a contemplar las estrellas y descubre una nueva. Pero no seamos tan poéticos y vayamos a lo práctico, esta medida podría descargar el mercado de trabajo en un 10% de la tasa de desempleo en la UE.

¿La reducción de la jornada de trabajo acabará con el desempleo? Rotundamente no. Hay que cambiar más cosas pero es un instrumento que pude ayudar a construir una sociedad más solidaria, más justa y más respetuosa tanto con las personas como con la naturaleza. Ser perezoso y dejar parte de nuestro trabajo no es un pecado, es buscar el puño en lugar de los cinco dedos.

Rosario Goñi    Economistas sin Fronteras

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3 Mensajes
  • Isabel 9 de agosto de 2015
    18:05

    Brillante reflexión, basada en algo tan sencillo con el sentido común. Ese al que no tenemos tiempo para escuchar porque, precisamente, no paramos. Enhorabuena.

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  • form pet votre nom 9 de agosto de 2015
    18:38

    Estoy de acuerdo. Danos más alegrías. Gente como tu necesitamos en esta sociedad. Me refiero a la autora del artículo, claro.

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  • Luis B. 9 de agosto de 2015
    23:42

    Dejando aparte que la pereza es no querer hacer nada, y hacer mal las cosas por desidia o por descuido, no es dejar de ir a la oficina para componer una sinfonía; opino que no es fácil, ni siquiera es coherente, buscar planteamientos libertarios si querer renunciar al capitalismo... no definirse en una u otra dirección abiertamente es simple populismo en mi opinión. Un saludo.

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