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5 de septiembre de 2017

La complejidad de la sostenibilidad: el caso de Reino Unido

El mayor problema para alcanzar sociedades sostenibles no es lo complicado que resulta hacerlo, sino que los que tienen más poder y responsabilidad (gobiernos y empresas) no hacen nada firme, y además, que los demás no lo exigimos con fuerza.


La complejidad de la sostenibilidad: el caso de Reino Unido
Foto: PughPugh cc  

Unos científicos del Instituto de Investigación en Sostenibilidad de la Universidad de Leeds (Reino Unido) han publicado un estudio sobre las huellas de emisiones y empleo del Reino Unido en el que dan importantes datos para la reflexión. Aunque el estudio se centra en el Reino Unido, las conclusiones son similares para cualquier otro país europeo.

La huella de emisiones refleja la presión que el consumo ejerce sobre el planeta y el clima, mientras que la huella de empleo representa los trabajadores del mundo que trabajan para satisfacer cierta demanda de productos y servicios. Según el estudio, la economía británica ha descansado durante décadas en el mercado exterior para satisfacer sus necesidades materiales, llevando fuera de sus fronteras grandes cantidades de emisiones y de empleo. Además, se concluye que aproximadamente la mitad de las emisiones del consumo británico se generan fuera de sus fronteras y sólo el 40% de su empleo está en el interior. Por tanto, reducir las importaciones contribuye tanto a reducir emisiones en el exterior como a generar más empleo en el interior.

El comercio internacional ha crecido espectacularmente en las últimas décadas, siendo en los países desarrollados donde ese crecimiento ha sido mucho mayor. Los materiales viajan alrededor del mundo y la mano de obra se contrata allí donde sea más barata o haya menos restricciones (en cuanto a leyes ambientales y laborales que defiendan derechos básicos). Las multinacionales suelen ser empresas con poca ética, porque la responsabilidad pretenden diluirla.

Toda la Unión Europea ha trasladado gran parte de su industria al exterior y se ha hecho dependiente de los mercados exteriores para adquirir sus productos y servicios (Reino Unido representa el 10.7% de la UE en volumen de comercio y ha trasladado al exterior casi cuatro millones de empleos entre 1979 y 2015). Esta fuerte reestructuración del sector industrial permite a los países reducir sus emisiones contaminantes dentro de su territorio y cumplir (o acercarse más a cumplir) sus acuerdos ambientales al respecto.

En particular en el Reino Unido, las voces pidiendo una reindustrialización han crecido con el Brexit. Depender menos de los mercados extranjeros contribuye a reducir las emisiones totales de un país y a generar más empleo dentro del país. Por supuesto, eso afectará a otros países pero, según estos científicos, se deben frenar las emisiones que producen los países ricos fuera de sus fronteras y ayudar a los países en desarrollo a mantener sus empleos sin contaminar el planeta (transferencia tecnológica, ayuda internacional...). Por supuesto, todo eso no servirá de mucho si no acotamos el lujo y el consumo de energía y de materiales.

El comercio internacional y el medio ambiente

Los que defienden que el comercio es bueno para el medio ambiente se basan en la hipótesis de la Curva de Kuznets Ambiental (Environmental Kuznets Curve, EKC) que básicamente sostiene que las condiciones ambientales mejoran conforme los países aumentan sus ingresos per cápita y mejoran su economía. Las evidencias empíricas demuestran que esa hipótesis es cierta sólo para algunos tipos de contaminación local y a corto plazo, pero que no es aplicable a problemas globales y a largo plazo, como el cambio climático. De hecho, es ampliamente aceptado que la producción de bienes ha acelerado la presión ambiental (local y globalmente: contaminación, reducción de recursos, pérdida de biodiversidad...). Wiedmann (2016) calculó que al menos el 64% de los impactos ambientales globales podían ser atribuidos al comercio internacional.

El acuerdo de Naciones Unidas sobre el cambio climático (UNFCCC) sostiene que los países son responsables de las emisiones generadas dentro de sus fronteras, pero también es necesario contar las emisiones asociadas a los bienes y servicios que se consumen dentro, aunque para ello las emisiones se produzcan fuera del país.

La magnitud de esto se demuestra con estos simples datos: Las exportaciones de China e India equivalen al trabajo a tiempo completo de más de 200 millones de trabajadores. Sólo China alberga el 37.5% de los trabajos generados por el comercio internacional mundial debido, evidentemente, a que es un país que fabrica barato, aunque contamina mucho.

Europa consume más de lo que produce: Gráficas

Figura: Gases de Efecto Invernadero (GHG) y empleo para Reino Unido,

en producción y consumo (1997-2012). Fuente: (Sakai, Owen, Barrett, 2017).

Reino Unido crea más empleo fuera de sus fronteras que el empleo que genera su sector de exportación. En los gráficos adjuntos se muestran las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GHG en sus siglas en inglés) y el empleo, separando entre producción y consumo del país. La producción incluye las emisiones (y empleo) en todo lo producido dentro del país, sea para consumo interno o externo. El consumo incluye las emisiones (y empleo) de lo consumido, incluyendo productos que proceden del interior y del exterior del país. El espacio entre las curvas de producción y consumo representa la transferencia de emisiones y empleo que oculta el comercio internacional.

En los gráficos anteriores se puede apreciar que la crisis de 2008 afectó bastante al consumo pero poco a la producción. Esto indica que Reino Unido, como todos los países desarrollados, tiene un sector productivo bastante consolidado y, por otra parte, que su consumo incluye bastantes productos superfluos, los cuales dejan de consumirse en tiempos de crisis. Es importante añadir que esa crisis, apenas afectó a China, país que es (no por casualidad) un gran socio comercial de Reino Unido, pues es el segundo mayor importador de China, tras Alemania.

Conclusiones evidentes

Podemos concluir que China se lleva gran parte de la contaminación y del empleo que requiere Europa y que, como es evidente, la forma más rápida de reducir las emisiones es reducir el consumo en general y de productos importados (productos chinos en particular). Pero eso tiene un fuerte impacto (negativo) en el empleo. Puede que no haya soluciones simples, pero nos parece que sería urgente sumar a la ley ecológica de las tres erres, otras dos erres económicas, ’Renta básica y Reducir la jornada laboral’, y más si tenemos en cuenta el [impacto en el empleo de los robots y ordenadores.

Dada la dificultad para frenar el consumo y la importación de productos, los autores proponen otras formas de reducir la huella ecológica de los países ricos: transferencia tecnológica y ayudar a reducir sus emisiones a los socios comerciales menos desarrollados.

Pepe Galindo    Blog Sostenible