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Mujer contracorriente

Entrevista a Marina Subirats, en la Semana de la Mujer

5 de marzo de 2015
Nuria del Viso 

"Hay que educar de otra manera a los niños, erradicando la violencia"

Marina Subirats, catedrática emérita de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona, es especialista en sociología de la educación y sociología de la mujer. Fue directora del Instituto de la Mujer y ocupó diferentes cargos en el Ayuntamiento de Barcelona, entre otros el de concejala de Educación. Es autora de numerosos libros, artículos y obras colectivas sobre educación y género. En esta entrevista reflexiona sobre la coeducación, la persistencia del sexismo y el retroceso en la igualdad, con la vuelta de arquetipos de género del pasado.


"Hay que educar de otra manera a los niños, erradicando la violencia"
Emakunde  

El sistema educativo ha dado grandes pasos en las últimas décadas hacia la igualdad de oportunidades entre niñas y niños y en implantar la coeducación (no solo como escuela mixta sino con programas unificados y valores y prácticas comunes).

Sin embargo, las chicas y las mujeres continúan en la sociedad en una posición subalterna, al tiempo que, como has mencionado en tus artículos, se constata que: 1) Existe una menor elección de los estudios técnicos (los de más prestigio y remuneración profesional) por parte de las chicas y 2) que el mercado de trabajo valora de forma distinta los niveles educativos de hombres o de mujeres (mientras que el título universitario facilita a los hombres el acceso a un empleo, no es así en el caso de las mujeres). Además, o junto, a los mencionados, ¿cuáles son, en tu opinión, los principales mecanismos reproductores del sexismo en la educación?

Vivimos en una sociedad y en una cultura androcéntricas, es decir, centradas en lo masculino. La figura del varón y los hechos atribuidos a los hombres son centrales, mientras que todo lo femenino queda como algo marginal, de segundo nivel, el segundo sexo de Simone de Beauvoir. Por lo tanto, toda transmisión cultural que no haya sido revisada, toda relación social que no haya sido modificada a través de una crítica contra el sexismo y el androcentrismo son transmisoras de sexismo. Si nos referimos al sistema educativo, los libros de texto, el currículo escolar, los cuentos infantiles, el lenguaje que se utiliza, el uso de los espacios, la atención dispensada a los niños y niñas y un largo etcétera son transmisores de sexismo porque sobrevaloran lo masculino e ignoran o menosprecian lo femenino. Y no lo digo como cuestión de principio, sino después de muchas observaciones en las aulas, en los patios y en los centros escolares que nos han permitido constatar esta realidad.

La escuela debe ir cambiando los modelos y retroalimentarse de lo que ocurre en la sociedad

Podemos constatar una evolución en la educación en el perfil de género dirigido a niñas, pero mucho menos a los niños, que siguen nutriéndose con valores del pasado. ¿Qué elementos son necesarios en la educación para otra masculinidad?

Efectivamente, el cambio que se necesita ahora urgentemente es el cambio del modelo de género masculino. Es un modelo de género que contiene todavía la exigencia de la violencia, de la actitud de enfrentamiento, de valentía, de negar los temores e imponerse al mundo. Es decir, en definitiva, una serie de características del guerrero que hoy no tienen sentido en nuestra sociedad y que tienen consecuencias muy negativas para las mujeres y, especialmente, para los hombres: los varones tienen más accidentes de tráfico, de deportes de riesgo, etc. a consecuencia de los cuales se producen muertes innecesarias. Hay que educar de otra manera a los niños, erradicando la necesidad de actuar violentamente y adoptando otra serie de hábitos que les permitan desarrollar sentimientos y actitudes tiernas, cooperativas y empáticas.

Se han observado casos de violencia de género entre adolescentes y estudiantes pre-universitarios y recientemente se ha publicado el informe del CIS sobre la permisividad de la violencia de género entre los jóvenes. ¿Cómo interpretar está tendencia? ¿Estamos ante un retroceso generalizado en el plano de la igualdad de géneros?

La crisis cierra la puerta a los proyectos profesionales de muchos chicos y chicas, y esto conduce a un retroceso hacia arquetipos más antiguos, unido, claro está, al continuo machaque de los medios, internet, la publicidad, etc., que están proponiendo modelos masculinos duros y modelos femeninos de sumisión. Piénsese por ejemplo en la película que acaba de estrenarse 50 sombras de Grey, su éxito y su mensaje.

Has avisado a través de tus escritos del peligro de que la igualdad se realice a costa de incluir a las niñas en un modelo de valores únicamente masculinos, y abogas por incluir en el curriculum saberes ausentes (antes vinculados a lo femenino, como cooperación o cuidados). ¿En qué punto nos encontramos a este respecto?

En este aspecto nos encontramos muy mal, porque la LOMCE empeora las cosas, eliminando los pocos avances que se habían realizado con la inclusión de una materia de Educación de la ciudadanía en la que se podía avanzar en este ámbito, a pesar de que esta materia sufrió tal ataque desde el inicio que apenas pudo desarrollarse con normalidad. Con la LOMCE desparece esa asignatura y se enfatiza un modelo educativo totalmente contrario al de los valores y, concretamente, a este reequilibrio de valores que aparece totalmente necesario para conseguir la igualdad.

¿Podrías hacer una valoración de la situación en España en términos de género y educación en relación a la de otros países de nuestro entorno?

La situación en España en este ámbito es muy negativa porque no se han consolidado los avances que se hicieron en algún momento y, por lo tanto, se está retrocediendo. Las administraciones, con algunas honrosas excepciones −como Andalucía en una época, el País Vasco, Asturias y poco más− no han puesto el esfuerzo necesario, y, por lo tanto, los progresos se deben más a la buena voluntad del profesorado que a un avance sistemático previsto desde las instituciones. Los países de nuestro entorno, en su mayoría, tienen planes coeducativos, aunque no siempre con este nombre, organizados desde los gobiernos centrales o locales. Especialmente los países nórdicos han avanzado mucho en su metodología de cambio.

Accede al resto de artículos del Boletín ECOS sobre educación y género desde aquí

Aunque en las aulas universitarias hay una mayoría de mujeres que obtienen buenas calificaciones, en la esfera profesional las cosas apenas han cambiado. Se sigue constatando la existencia de un “techo de cristal” y la diferencia salarial entre hombres y mujeres incluso en puestos de trabajo equivalentes (una media de un 30% en detrimento de las mujeres), mientras que algunas profesiones se feminizan, justamente aquellas relacionadas con los valores tradicionalmente etiquetados como femeninos (cuidados, enseñanza…) y que coinciden con ser de baja remuneración. ¿Qué razones hay detrás de esta persistencia posición subalterna de las mujeres en el entorno profesional y la discriminación salarial que sufren?

Se trata de un fenómeno multicausal: estamos en una cultura androcéntrica, que ningunea el trabajo de las mujeres, sus logros, sus intereses, sus puntos de vista, etc. Al mismo tiempo, el trabajo reproductivo −la reproducción física, el cuidado, el trabajo doméstico, etc.− sigue recayendo fundamentalmente sobre las mujeres. Y en la educación seguimos asumiendo que somos el segundo sexo, porque los hábitos educativos así lo siguen transmitiendo a las generaciones jóvenes, y ello repercute en una alta inseguridad personal, todavía muy visible en mujeres jóvenes con altos niveles educativos.

¿En qué medida se puede avanzar en un cambio de modelo educativo no sexista sin un cambio previo similar de los valores sociales?

Todo tiene que producirse al mismo tiempo: la escuela debe ir cambiando los modelos y retroalimentarse de lo que ocurre en la sociedad. La escuela sola no puede cambiarlo todo, pero puede hacer mucho; tiene más poder del que se suele suponer.

En tu opinión, ¿cuáles son los principales elementos para avanzar hacia una educación no sexista?

Un cambio cultural que vaya limando el androcentrismo de la cultura e introduzca los valores de las mujeres, la importancia de sus puntos de vista, formas de proceder, intereses, etc. Y, en la educación, que la coeducación se incluya en la formación del profesorado, algo en lo que más bien se ha tendido a retroceder en comparación con los años noventa, aunque nunca se consiguió totalmente.

Nuria del Viso   Boletín ECOS de FUHEM Ecosocial

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