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La revolución de la innovación frente al inmovilismo

31 de julio de 2016

El universo paralelo de la industria editorial

’Si quieres resultados distintos, no hagas siempre lo mismo’. Internet ha impulsado un mundo con mucha más necesidad de adaptación ante continuas novedades del que conoció Albert Einstein. Sería muy interesante una conversación hoy entre el científico alemán y varios de los líderes de toda clase de sectores estratégicos, dirigentes que han optado por atrincherarse en el universo de paso lento en el que alcanzaron el poder. Entiendo que ustedes piensen que ’hacen siempre lo mismo’ porque no quieren resultados distintos, pero ¿de verdad no los quieren? Los adalides del capitalismo salvaje siempre quieren algo distinto, aunque solo sea por una razón: ansiar tener más. Y en algunos sectores, las cifras no sacian sus anhelos.


El universo paralelo de la industria editorial
Adolfo Moreno (CC)  
"Cada generación de niños ofrece a la humanidad

la posibilidad de reconstruir al mundo de su ruina"

Eglantyne Jebb

Como otros tantos ámbitos económicos, la industria editorial tiene pendiente una reinvención con la que adaptarse a la nueva realidad social y tecnólogica. Será interesante para usted saber, si es que no lo conocía ya, que el escritor gana entre un ocho y un diez por ciento del precio del libro. La gran superficie donde este se compra (porque la amplia mayoría de los títulos son adquiridos en El Corte Inglés o en la FNAC antes que en la librería del barrio), obtiene tres veces más. El triple, al igual que la distribuidora que lleva los ejemplares de la editorial al punto de venta. Un sistema del siglo pasado en el año 2016.

A principios de la actual década, en el contexto del debate sobre la ley Sinde, dos artistas consagrados, que no veteranos (no llegaban a los cuarenta y cinco años), que podían vivir de su obra (algo no muy común en España), decidieron contar al mundo sus dramas. ’Dado que he comprobado hoy que se han descargado más copias ilegales de mi novela que copias han sido compradas, anuncio oficialmente que no voy a volver a publicar libros en una temporada muy larga’, anunciaba, en una red social de Internet, la escritora Lucía Etxebarria. Por su parte, Alejandro Sanz publicaba el diciembre de 2010 en El País un artículo titulado Es la dictadura de los Señores de la Red. Hablaba del que, a su juicio, ’es el nuevo fascismo’ (sic) al que ’muchos políticos se han plegado’ por la no aprobación en primera instancia de la ley Sinde, y lamentaba, desde Miami, que ’aquí (en España) se protege al pirata, al proxeneta de las canciones robadas’. Gracias a ambos artistas, y al talento de dos escritores, un servidor pudo leer dos de los mejores posts publicados sobre la materia (ambos de 2011): La piratería no existe y Para ti, Lucía, de Juan Gómez-Jurado y Hernán Casciari, respectivamente. Se podría decir que Etxebarria, Sanz, Casciari y Gómez-Jurado comparten generación: once años separan a la primera del último.

Fue esperanzador ver que apuestan por una filosofía similar dos escritores que trabajan editorialmente de formas tan diferentes. Y es que, mientras que el argentino (aunque afincado en Catalunya por aquel entonces) Casciari lidera la publicación de sus propios trabajos mediante la marca Orsai, el madrileño Gómez-Jurado vende las millones de copias de sus útlimas novelas con la editorial Planeta. Es solo una intuición, pero creo que uno trata de fomentar el hacer las cosas de forma distinta desde fuera mientras que el otro se esfuerza por ir modificando los vicios de la industria desde dentro.

’El mundo viejo’ vs ’El mundo nuevo’

’No, no es cierto que las páginas de descargas tengan la culpa’, escribía Gómez-Jurado en el mencionado post de 2011, ’¿acaso no es patente la incoherencia que existe por parte de la industria entre acusar a las páginas de descargas de ’forrarse’ y no intentar hacer lo mismo? No defiendo las páginas de descargas, pues aunque sean legales no es justo que haya quien se aproveche del trabajo ajeno. Pero no son ellas la causa de todos los males, ni mucho menos quienes las usan ladrones y proxenetas, tal y como les llaman algunos -exiliados en Miami por causas fiscales (sic)-. Por cierto, para ellos el recordatorio de que para exigir al gobierno habría que empezar por pagar impuestos aquí como hacemos los demás. El mayor problema que existe en el mercado en español es la ausencia de flexibilidad, de ganas de crecer y de adaptarse’.

El escritor gana entre un ocho y un diez por ciento del precio del libro

Alejandro Sanz respondió retando en Twitter a Gómez Jurado, ’si tenía huevos’, a poner a disposición de los lectores su libro de forma gratuita. El escritor, sin consultar con Roca Editorial, subió a la red su novela Espía de Dios (bestseller más de cuarenta países) para que los lectores pudieran descargarla a cambio de donar un euro, como mínimo, a Save the Children. Así nació la iniciativa ’1libro = 1euro’. Cinco años después, el catálogo de libros solidarios de esta web nos ofrece a muchos escritores generosos y los beneficios siguen llegando a la ONG.

Hernán Casciari, desde otra perspectiva, apunta a la existencia de un único mercado cultural en el que conviven dos mundos distintos: ’el mundo viejo’ y ’el mundo nuevo’. En 2011 narraba, en Para ti, Lucía, un ejemplo sobre qué ocurre cuando esos dos mundos se cruzan, y comparaba al ’mundo viejo’ con el ’abuelito’ al que ’queremos mucho’ porque ’hace veinte, treinta años ese hombre que ahora está gagá, nos enseñó a leer, puso libros hermosos en nuestras manos’. ¿Qué relación mantener ahora con nuestro abuelito? El argentino apuesta por ’no luchar contra el mundo viejo, ni siquiera debatir con él. Hay que dejarlo morir en paz, sin molestarlo’, porque de lo contrario ’gastaríamos energía en el lugar incorrecto’ en lugar de ’defender a muerte la cultura para que no esté en manos de abuelos gagá’. Llama al creador a ’no perder el tiempo luchando contra el abuelo’ y ’hablar únicamente con nuestros lectores’, sin demonizar a nadie: ’No hay demonios, en realidad. Lo que hay son dos mundos. Dos maneras diferentes de hacer las cosas’. Y apunta directamente al corazón del creador de historias en la frase final del texto: ’Está en cada autor seguir firmando contratos absurdos con viejos dementes, o empezar a escribir una historia nueva y que la pueda leer todo el mundo’.

’Es el lector, estúpido’

Le invito a que haga el interesante ejercicio de levantarse a por cualquiera de las novelas de su librería y observe la sexta página: ’Queda prohibida cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra sin contar con la autorización de los titulares de la propiedad intelectual’, rezará el hegemónico copyright. Ahora busque esa publicación que tiene por casa y en la que cree recordar haber visto el sello de la licencia abierta (que no gratuita) Creative Commons. Si desgraciadamente no encuentra ninguna, le detallaré los términos legales sobre propiedad intelectual de la obra: ’Usted es libre de compartir, copiar, distribuir, ejecutar y comunicar públicamente la obra. Bajo las condiciones siguientes: (por ejemplo) atribución, no comercial y sin obras derivadas’. ¿Cree el narrador de historias que el lector que paga veinte euros por la adquisición de su obra prefiere sentir que tiene restricciones o que tiene libertades?

No se trata de matar al intermediario, sino de crear redes de cooperación nuevas

De entre todos los deseos de los lectores sobre los que debería reflexionar quien publica, el más sencillo de adivinar probablemente sea que el lector quiere, manteniendo la calidad, pagar el menor importe posible. Quizá agradezca que, a cambio de tener que comprarlo por internet en lugar de disfrutar del paseo por una librería, el libro le llegue a casa, decicado por el autor, con una rebaja en el precio al haber quitado de la ecuación la parte correspondiente al distribuidor y al punto de venta. Digamos, casi la mitad del precio. Aunque no se trata de matar al intermediario, se trata de crear redes de cooperación nuevas.

El mayor desafío para un autor que se autopublica (que no ’autoedita’, lo que sería una temeridad abocada al fracaso) puede que sea el lograr huir de la intuición de ’amateurismo’ que tiene la gran mayoría de los lectores al no encontrar un sello editorial en una portada. Ante este lógico temor, la mejor respuesta que puede dar el autor es ofrecer en su proyecto la profesionalidad de los roles que tiene una editorial: es decir, correctora, maquetadora, ilustradora, diseñadora web, especialista en marketing, etc. Que hay mucho, muy bueno y, en demasiadas ocasiones, desempleado con quien cooperar.

Otra respuesta que quien se autopublica puede articular ante el desconfiado lector es la de ser tenaz para lograr que alguien de reconocido prestigio y relación con la materia se lea la obra y, si le gusta, escriba el prólogo. Por el contrario, en la vertiente menos racional y más emocional, el creador de historias también puede idear (creo que es más útil para todos buscar agentes con los que cooperar en lugar de la obsesión por competir) múltiples formas de motivar o despertar la curiosidad del potencial lector para con la obra y de hacerle sentir especial.

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Adolfo Moreno, autor de La gata y el ajedrez  

Dos cosas son seguras

Ya me disculparán que termine esta reflexión con un ’he venido a hablar de mi libro’, pero en esta calurosa tarde el contador del crowdfunding está alcanzando el ansiado ’100%’. Me siento aliviado y, especialmente, agradecido a quienes han invertido su dinero para que nazca ’una serie en papel’. Además, quizá a algún autor o autora le pueda ayudar este post, como me ocurrió a finales de 2011, cuando finalicé mi primera novela. ’¡Qué bien que estés escribiendo una novela! Oye, pero, ¿y cómo vas a hacer para editarla?’. Seguro que a mis colegas primerizos les suena esta reiterada y sincera preocupación de los suyos al enterarse de que estaba escribiendo. ’No sé hacer dos cosas a la vez’, respondía yo siempre, ’ahora estoy cien por ciento concentrado en escribir la mejor novela que sea capaz. Luego me centraré cien por ciento en ver cómo la publico’.

Pero el día de escribir el punto final llegó. Y los de la celebración. Tras la resaca, supongo que mi subconsciente pensaba en ir puerta por puerta, bien preparado para los ’no’, a ofrecer el texto a desconocidos. Nunca llegué a tocar ningún timbre. Tuve la tremenda fortuna de ver tres días después de terminar de escribir un tuit de @atemporal que me llevó al Para ti, Lucía de Hernán Casciari. También descubrí a Gómez-Jurado con La piratería no existe. Opté por Casciari. Miento, ni siquiera fue una elección, fue otra cosa: me enamoró su filosofía editorial. Flechazo. Poco después supe qué era el crowdfunding y por fin sonreí mirando al futuro.

Correctora, maquetador, editor de vídeo, ilustrador, diseñador web... Varios profesionales a los que siempre estaré agradecido pusieron su talento a disposición de intentar crear algo nuevo. En solo siete días, La mirada. Un viaje al corazón marroquí recaudo mediante crowdfunding los dos mil euros que calculé para sacar adelante el proyecto (no son suficientes, ya se lo advierto). Hoy esta novela primeriza va por su quinta edición: todos los lectores han recibido en pocos días el libro en el punto del mundo que han deseado, dedicado para ellos o, ’compinchados’ con el autor, para esa persona especial a quien se lo han regalado. Creo que todos se han sentido mimados, atendidos. Importantes.

Tres años después, opté por probar a publicar con una editorial. No era una novela, era un extenso reportaje periodístico sobre sanidad en formato de libro. Conocer la experiencia de publicar con una editorial para luego poder decidir mejor y olfatear en qué podría aprender.

La gata y el ajedrez es ’una serie en papel’: seis capítulos de una hora de lectura cada uno que pretende ser ’la primera temporada’ de una trama política con epicentro en el Ministerio de Educación, narrada con el lenguaje narrativo y la estructura interna propia de las series estadounidenses. La novela busca atraer a la lectura a aquellos que no leen tanto pero sí devoran las series. Quizá así consigamos lectores que cambien, algún día en semana, la pantalla del ordenador por las páginas de un libro.

El prólogo de La gata y el ajedrez lo escribe José Antonio Marina

Hoy este proyecto es una realidad gracias a la confianza de la comunidad de lectores de la primera novela, que han ’pre-comprado’ copias del libro por valor de cinco mil euros. Se podrá pagar la imprenta, pagar como corresponde a los varios profesionales que han realizado las tareas propias que requiere una novela que busca la calidad, invertir en publicidad, pagar impuestos, envíos a domicilio, etc. Y pretendo seguir mimando a los lectores, que son quienes me ayudan a pagar el alquiler. ¿Satisfacerá a los lectores que dos de los protagonistas de la novela brinden con cerveza La Salve Bilbao a cambio de que puedan escuchar la presentación del libro disfrutando gratis de esta cerveza artesanal? ¿Les satisfacerá que dos de los protagonistas opten por Islandia (en lugar de Noruega, como estaba escrito en el borrador) para su luna de miel a cambio de que Island Tours regale un viaje para dos personas a Islandia que sortearemos entre los mecenas del crowdfunding de la novela hasta el 1 de agosto? Probablemente también estén de acuerdo en que dos protagonistas beban una determinada marca de whisky si, a cambio, se les reduce el precio de venta de la novela. La emoción de poder ganar un viaje a un destino así y la buena birra gratis para la presentación se dirigen a la parte emocional del lector; pensando en satisfacer la parte racional de los lectores de La gata y el ajedrez enmarco el anuncio (consciente del tremendo honor que supone) de que el prólogo de la novela lo escribirá quien posiblemente sea una de las mayores eminencias en matería educativa del Estado: el filósofo y pedagogo José Antonio Marina.

Quizá todo sea tan sencillo como esforzarse de verdad en nuestra capacidad de empatía y trabajar sobre la base de qué quiere realmente el lector: sí, una buena historia, obvio, de eso no hay dudas desde que existen los libros ni las habrá, pero también una nueva forma de hacer las cosas desde el conocimiento del ’mundo nuevo’ cuya realidad es bien interiorizada por la gran mayoría de escritores, dado que transitamos por el suelo sucio de la España de hoy. Seguro que se puede hacer mejor de lo que yo lo he hecho, mucho mejor. Lo que también es seguro es que se puede. Se puede ocupar sigilosoamente el infinito espacio que queda libre más allá del universo paralelo en el que está atrincherada la industria.

Adolfo Moreno     La gata y el ajedrez