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Qué implicaciones tiene el Mecanismo Único de Supervisión

28 de noviembre de 2014

El deficiente diseño de la Unión Bancaria Europea

El pasado 3 de noviembre el Banco Central Europeo estrenó el Mecanismo Único de Supervisión (MUS), organismo que se va a encargar de vigilar directamente a los 120 principales bancos de la zona euro e indirectamente al resto. El MUS no es más que una primera pata de la Unión Bancaria que ya en junio de 2012 los gobernantes de la Eurozona concibieron como una posible solución a las crisis bancarias.


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Jakub Krechowicz  


Existe un amplio consenso a la hora de considerar responsable a la banca privada de buena parte de los problemas económicos actuales. Al fin y al cabo los bancos fueron los agentes que se endeudaron en niveles mastodónticos para conceder y estimular un crédito también desorbitado a familias y empresas.

Este fenómeno se agotó en el año 2008 dando paso a una crisis bancaria de enorme envergadura: el flujo del dinero se detuvo, el mercado interbancario colapsó, y con él la actividad bancaria, asestando un golpe mortal a la economía productiva (dependiente de este endeudamiento). Las pérdidas de los bancos no fueron salvadas o compensadas con el capital de sus accionistas o acreedores, sino con dinero del contribuyente.

El MUS acelera el trasvase del coste bancario a los bolsillos de los contribuyentes


Estas ayudas públicas a la banca inflaron de una manera muy importante los déficit públicos de muchas economías de la zona euro, dando lugar unos años más tarde a la crisis de la deuda pública. Y el sobreendeudamiento de empresas, familias y Estados es lo que hoy día complica enormemente la recuperación de la economía. En consecuencia, uno de los objetivos que los gobernantes europeos declaran perseguir con una Unión Bancaria es el de evitar el estallido de futuras crisis bancarias.

Este objetivo es el que se pretende abordar con el Mecanismo Único de Supervisión (MUS) que se crea para supervisar la actividad de los bancos para que no incurran en prácticas tan arriesgadas como las pasadas. Para ello se han dictado normas obligatorias que han de cumplir todos los bancos, especialmente en lo referente a provisiones de capital. Una provisión de capital es el dinero que los bancos han de guardar como “colchón” por si algún préstamo no es devuelto o por si alguna inversión fracasa, de forma que puedan soportar las pérdidas con ese dinero reservado. Sin embargo, aunque son medidas bien encaminadas para fortalecer la posición de los bancos, son claramente insuficientes por dos motivos:

  • Numerosos analistas ya han manifestado su preocupación por la laxitud en estas medidas de control, al diseñar unos indicadores de referencia inadecuados o al establecer exiguos niveles mínimos en muchos de estos indicadores, así como al seguir permitiendo el mismo tipo de prácticas arriesgadas que generaron importantes desequilibrios financieros en el pasado.
  • La crisis del sistema financiero no sólo se ha producido por la gestión y la falta de supervisión a las entidades bancarias, sino fundamentalmente por la naturaleza de las actividades con las que hacían negocio. El sistema bancario no crea renta por sí mismo, si no que sus beneficios provienen en última instancia de su papel como financiador de la economía real a través de lo que se conoce como “punción financiera” (beneficios que obtiene por prestar dinero o por los productos financieros que pone en el mercado). El hecho de tener a un sistema bancario dedicado a sectores financieros cada vez más alejados de la actividad productiva o dedicado a financiar sectores productivos especulativos como el sector de la construcción, aumentan de forma significativa la exposición al “riesgo de crédito” de un sector bancario.

Para entenderlo mejor, se pueden poner dos ejemplos:

  • Uno de los instrumentos de inversión del sistema financiero son los hedge funds (fondos de inversión de alto riesgo) que ofrecen a los inversores la posibilidad de altos rendimientos. Los hedge funds son terriblemente opacos, incluso para los mismos inversores, dado que los gestores ocultan la información bajo el pretexto de no revelar sus estrategias a la competencia. Es prácticamente imposible someter a un instrumento financiero como éste a obligaciones de información y a normas regulatorias y supervisoras directas, ya que existen enormes dificultades para poner precio a instrumentos así que no se negocian en mercados secundarios líquidos. Por tanto, tratar de “supervisar mejor” o “mejorar la información” en este tipo de actividades de inversión y comercialización de la banca no va a prevenir de riesgos sistémicos porque la única forma de hacerlo pasa por prohibir este tipo de actividades a las que se dedica la banca.

Una supervisión única no sirve de nada si no se acompaña de mecanismos de resolución

  • Un banco puede conceder un crédito a una empresa constructora que es solvente (es decir, que puede devolver el dinero prestado) y cuando estalla la burbuja inmobiliaria por la que obtenía grandes beneficios verse imposibilitada de saldar su deuda (caer en “riesgo de crédito”). Es decir, inversiones sanas a priori pueden convertirse en tóxicas simplemente por la dinámica de la economía real, sin necesidad de que los bancos hayan acometido malas prácticas. Porque la salud de los bancos no depende únicamente de cómo gestionen sus actividades, sino también y fundamentalmente de la salud de la economía productiva. Esto es precisamente lo que ha pasado de forma generalizada y uno de los motivos por el que los bancos se encuentran en una mala situación.

Supervisar la gestión del banco no es suficiente para asegurar su buen estado de salud

Además de estos problemas, una supervisión única no sirve de nada si no se acompaña de mecanismos resolución (este objetivo es el que se pretende abordar con el Mecanismo Único de Resolución (MUR), que todavía no ha sido puesto en marcha, principalmente por las resistencias de Alemania. Su naturaleza y fecha de creación dependerá de las futuras negociaciones políticas entre todos los miembros de la Eurozona, pero se espera que comience a funcionar en el año 2016).

Esto es algo que acabamos de comprobar con las pruebas de resistencia y de calidad de activos que ha llevado a cabo el Banco Central Europeo y la Autoridad Bancaria Europea: han puesto de manifiesto un déficit de capital de 25.000 millones de euros (casi la mitad del futuro fondo bancario que para el año 2024 se estima alcanzaría la cifra de 55.000 millones de euros en determinados bancos) pero este agujero no se cubrirá de forma comunitaria, sino que se le encomienda a los bancos afectados que adquieran capital en los mercados financieros. Si no pueden hacerlo, entonces será el sector público nacional quien cubra esa deficiencia. En consecuencia, no sólo no puede haber Unión Bancaria con la simple existencia del MUS, sino que este organismo acelera el trasvase del coste bancario a los bolsillos de los contribuyentes, algo que los dirigentes europeos dicen evitar con esta aventura institucional.

Eduardo Garzón Espinosa y Carlos Martínez    Equipo de Análisis Económico de la FEC

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