Categories

 

Portada > Economías > Políticas > El Estado Capitalista: Descripción


Parte 1

29 de marzo de 2015

El Estado Capitalista: Descripción

Desde un punto de vista positivo -vale decir, descriptivo y explicativo-, el papel económico que desempeña el Estado puede analizarse desde las siguientes dos dimensiones. En primer lugar en relación con la actividad regulatoria de las relaciones económicas en el sector privado, como por ejemplo las licencias de actividad o las obligaciones contractuales entre particulares. En segundo lugar desde la parte de la actividad pública que comporta ingresos y gastos para el Estado; por ejemplo, los bienes que son suministrados libres de precio, como los servicios de sanidad o justicia, o las transferencias monetarias a favor de los jubilados. Esta segunda actividad ha recibido la denominación tradicional de actividad financiera o Hacienda Pública, mientras que el conjunto de ambas se le ha llamado Economía Pública o Sector Público.


El Estado Capitalista: Descripción
JPellgen  

EL SECTOR PÚBLICO

Aunque el Estado puede utilizar simultáneamente ambos procedimientos (regulatorios y financieros) para perseguir sus objetivos, es conveniente mantener tal distinción con fines analíticos. [1]

En efecto, la política reguladora produce resultados análogos a los de la intervención directa, sin que ello implique la utilización de recursos por parte del sector público. Las dimensiones de las finanzas públicas no constituyen, por lo tanto, un indicador suficiente de las relaciones existentes entre el sector público y el privado de la economía, aun cuando no deja de ser un índice importante de dicha relación. [2]

Concretando algo más, se puede definir la Hacienda Pública como el conjunto de elementos económicos que comporta la realización de ingresos y gastos del Estado y la mutua relación entre ellas. Pero no debe entenderse el término financiero como sinónimo de monetario. No son en absoluto los flujos monetarios la preocupación principal de la Hacienda Pública. En su lugar, los fenómenos económicos –oferta de trabajo, nivel de precios, crecimiento económico, por ejemplo- constituyen materia de análisis, y los flujos monetarios son una expresión de los ingresos y pagos, pero nunca el elemento sustantivo, ya que éste queda enmarcado en los recursos reales que han sufrido alteración. [3]

EL ESTADO CONTEMPORÁNEO

La creciente importancia económica del Estado, que hoy tiene un papel primordial en la producción y distribución de bienes y servicios, ha dado lugar a que los especialistas se refieran a él como ‘Estado social’ o como ‘Estado del bienestar’. Ambas conceptualizaciones nos parecen inapropiadas: la primera, porque resulta un truismo, ya que todo Estado es social por naturaleza; y la segunda, porque ‘bienestar’ es o bien una palabra ‘comodín’ de contenido impreciso, o bien un juicio de valor que no todo el mundo comparte.

Más sugerente nos parece el término ‘Estado interventor’, pues aunque en cierta manera también es un truismo -ya que todo Estado es interventor a su manera, sino no existiría-, tiene en cambio la virtud de señalar una oposición clave, fundamental, con respecto al Estado liberal del siglo XIX: éste era un Estado mínimo, en particular en el ámbito de la actividad económica. En el siglo XIX, efectivamente, el sujeto y protagonista de la vida social era el individuo, egoísta e independiente de otros individuos, y no el Estado.

Pero esta definición tampoco nos parece correcta. Porque si bien los economistas clásicos (Smith y Ricardo) limitaban las funciones del Estado al mantenimiento de instituciones militares, policiales, educativas y jurídicas –y dejaban todo lo restante al desarrollo ‘natural’ de la lógica del mercado-, las funciones enumeradas expresan claramente la presencia del Estado dentro del proceso de acumulación capitalista. [4]

Así es: hoy es aceptado cada vez por más historiadores que el Estado jugó un importante papel en los inicios del capitalismo. Unos piensan que lo hizo proporcionando incentivos a la inversión mediante la creación y defensa de los pertinentes derechos de propiedad, o posibilitándola a través de la cuantía y el uso que dio a los tributos recaudados. [5] Otros amplían y concretan el repertorio de medidas, y hablan del papel del Estado en la reestructuración de las instituciones sociales (leyes, gremios, fronteras, etc.), y de que los gobiernos o bien estimularon y alentaron la empresa privada por medio de tarifas, subsidios, apoyo financiero, información, etc., o bien la sustituyeron en casos determinados para estimular un crecimiento más amplio, como en los sectores de la educación, ferrocarriles, etc. La ‘caja de herramientas’ utilizada fue muy diversificada, y ha variado en amplitud y forma según los diversos países, según una serie de presiones y circunstancias concretas. [6] Entre esas herramientas sitúo Marx -al hablar sobre la ‘acumulación primitiva’ en El Capital-, la estructuración del mercado de trabajo, el sistema colonial y la deuda pública. [7]

El Estado capitalista contemporáneo, tal y como lo conocemos hoy en día, va a implicar tanto un aumento considerable del presupuesto público como de la actividad reguladora de las actividades privadas. Según el economista Carlos Ochando, podemos establecer tres periodos históricos por los que atraviesa la formación y consolidación de este tipo de Estado:

a) el periodo de experimentación (1870-años veinte del s. XX),
b) el periodo de consolidación (1930-1940), y
c) el periodo de expansión (1940-1960). [8]

De acuerdo con este mismo economista, los objetivos que van a orientar a este Estado interventor en su época de madurez eran:

«...el crecimiento económico (mantenimiento de una situación de pleno empleo), la consecución de una mayor igualdad en la distribución de la renta y de las oportunidades vitales (a través de un sistema impositivo y la mayor provisión de los servicios sociales) y la garantía de un mínimo vital que eliminara las situaciones de extrema pobreza, a través de la ampliación de formas de salario indirecto (provisión de bienes, servicios y prestaciones a los receptores de rentas bajas para satisfacer sus necesidades básicas)». [9]

Carlos Javier Bugallo Salomón  

Notas

[1Juan F. Corona, Juan C. Costas y Amelia Díaz: Introducción a la Hacienda Pública, Barcelona, ed. Barcanova, 1988, p. 6.

[2Giorgio Brosio: Las finanzas públicas, Barcelona, ed. Oikos-Tau, 1990, p. 9.

[3Juan F. Corona, Juan C. Costas y Amelia Díaz: op. cit., pp. 6 y s.

[4Gustavo Gozzi: “Estado contemporáneo”, en en Norberto Bobbio, Nicola Matteucci y Gianfranco Pasquino (dirs.): Diccionario de política, vol. I, México, ed. Siglo XXI, 1998, p. 545.

[5Frederic C. Lane: “The role of governments in economic growth in early modern times”, en The Journal of Economic History, Vol. 35, nº 1, (Marzo, 1975), pp. 8-17, pássim.

[6Barry Suple: “El Estado y la Revolución industrial, 1700-1914”, en Carlo Maria Cipolla (ed.): Historia económica de Europa (3) La Revolución industrial, Barcelona, ed. Ariel, 1979, pp. 312-370.

[7Karl Marx: El capital, Libro I, vol. 3, Madrid, ed. Siglo XXI, 1980, cap. XXIV.

[8Carlos Ochando Claramunt: El Estado del bienestar: objetivos, modelos y teorías explicativas, Madrid, ed. Académicas, 2009, p. 28.

[9Carlos Ochando Claramunt: ibídem, p. 37.

Comentar