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23 de noviembre de 2014

¿Democracia? No, Bancocracia

Se acaba de presentar en Barcelona el último libro del politólogo y activista Éric Toussaint. En las páginas de Bancocracia (Editorial Icaria), no esperen solo encontrar una sucesión de conspiraciones de los poderes económicos para asfixiar la libertad de los ciudadanos. Va mucho más allá. Las manipulaciones y crímenes que cometen los bancos privados en connivencia con los bancos centrales y los gobiernos son un paso más en la lógica deriva de la evolución suicida del sistema.


Éric Toussaint desnuda en Bancocracia las falacias que han apuntalado al capitalismo financiero a nivel internacional. La pretendida auto-regulación de los mercados financieros ha brillado por su ausencia y ha generado burbujas especulativas que, como en el caso español, han concentrado las inversiones de capital en sectores como el inmobiliario, las grandes infraestructuras y la internacionalización de las grandes compañías, con una deficiente asignación de recursos en otros ámbitos. La deriva de ese funcionamiento del sistema ha tenido como consecuencia el excesivo e insostenible endeudamiento de los agentes económicos. La extrema debilidad del sistema financiero ha quedado al descubierto en todo el proceso. Las inyecciones de liquidez y de los recortes de tipos de interés de los bancos centrales no consiguieron restablecer la situación y los gobiernos de los países desarrollados decidieron intervenir para evitar el colapso de sus sistemas financieros. En teoría se trataba de prevenir una retirada masiva del ahorro de los ciudadanos depositado en las entidades bancarias, impidiendo que las dificultades de liquidez afectaran a la solvencia del sistema, así como el desbordamiento de la crisis financiera hacia la economía real. En la práctica, lo que se ha llevado a cabo con esa excusa, es un descomunal plan de salvamento de las entidades bancarias privadas con dinero público.

Todo lo anteriormente reseñado configura un expolio de gravísimas consecuencias para la ciudadanía ya que, paradójicamente, se han comprometido enormes volúmenes de ayudas públicas al servicio de un proceso de concentración y oligopolización del negocio bancario y no se han resuelto los riesgos y amenazas que el sector supone para la sociedad. Es imprescindible que la sociedad sea consciente de que la regulación, y sobre todo “esta regulación” no solucionará los problemas bancarios. Como dice el autor "Hay que ir más allá de la mera nacionalización del sector bancario. Los sectores prioritarios deben definirse en un marco de servicio público".

Sí ha habido economistas que denunciaron las inconsistencias del sistema y alertaron de la suicida política de desregulación financiera pero sus diagnósticos no interesaron nunca a las élites ocupadas en pasar de un lado a otro de la puerta giratoria. Para los que “hoy gobiernan y regulan y mañana participan del consejo de administración de una entidad bancaria” no hay alternativa a las medidas adoptadas.

Sin embargo, es perfectamente posible erradicar la “Bancocracia” y en el libro pueden encontrar los lectores que no hay verdaderos obstáculos técnicos para poner la economía al servicio de la gente. Solo es cuestión de voluntad política.

Carlos Sanchez Mato    Economía para críticos e indignados

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