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22 de noviembre de 2014

Comunidades Autofinanciadas: Ingeniería financiera básica


Pandero en Perú, Tontín en Camerún o Arisán en Indonesia, son sólo algunos de los nombres que reciben los mecanismos financieros informales que han suplido las necesidades de ahorro e inversión de pequeñas comunidades a lo largo y ancho del planeta. Grupos de personas que han organizado su propio sistema financiero sin la necesidad de recurrir a fondos externos. Basada en la experiencia, lógica y en el funcionamiento de éstos mecanismos tradicionales, la organización Asociación de Comunidades Autofinanciadas (ACAF) ha desarrollado una metodología de ahorro y crédito a partir de estos mecanismos financieros informales, a la que ha llamado Comunidades AutoFinanciadas (CAF), creando una herramienta de desarrollo eficiente y educativa que permite el empoderamiento de las organizaciones comunitarias de base.

El fundador de ACAF, Jean-Claude Rodríguez Ferrera, aprendió este metodología en Venezuela -donde se las llama Bankomunales-, de la mano de Salomon Raydán. Decidió traerla a España en el año 2004 para probar su funcionamiento con colectivos en riesgo de exclusión social y financiera en Cataluña, donde actualmente existen más de 50 grupos, y han conseguido extender a otros países de Europa como Italia, Portugal, Holanda, Bélgica o Hungría.

Si tuviéramos que resaltar una característica principal que diferencia a las CAF del sistema financiero formal es sin duda el componente “auto”: este sistema se alimenta del mismo grupo y no admite recursos económicos externos. Además no sólo es autofinanciada, sino que también es autogestionada, fomenta el autoempleo y la autoformación. Si tuviéramos que resaltar un requisito imprescindible por encima de todo sería la confianza. Los grupos deben estar unidos por lazos de confianza mutua por motivos que detallaremos más adelante.

El carácter de autogestión de las CAF es característica común a este tipo de grupos. Debido a esta naturaleza, es posible encontrar diferencias entre una CAF y otra. Los integrantes de cada grupo eligen las normas, los plazos, los intereses, los cargos y toda directriz relativa al funcionamiento de la comunidad. Son ellos quienes marcan el rumbo y la utilidad de su grupo. Esto le da un matiz totalmente horizontal y democrático.

Las CAF en el Sur

Arianne Martin lleva más de seis años colaborando con ACAF, desde que en el 2009, la organización decidió expandir este sistema a otros continentes. Desde esa fecha Arianne lleva apoyando la formación de más de 30 CAF en países como Haití, República Dominicana, Angola o Indonesia. Nos da unas bases comunes basadas en su experiencia, aunque expone que cada CAF puede variar debido a la autogestión antes mencionada y a la libertad que tiene cada grupo de decidir sus propias reglas.

  • Los grupos suelen estar formados por 10-30 personas.
  • Las aportaciones/participaciones/acciones se dividen en cantidades fijas. Por ejemplo, 1$.
  • No se admite dinero del exterior.
  • Se marca una cantidad máxima para pedir prestado que puede ser un múltiplo del dinero aportado, así como un crédito máximo permitido.
  • Se deciden los plazos máximos de devolución de los préstamos, así como el tipo de interés y el interés o multa en caso de demora, si el grupo decide que es necesario.
  • Se decide la periodicidad de las reuniones así como la multa a pagar en caso de no asistir, detalle clave para mantener el grado de implicación y confianza que necesita la comunidad para seguir funcionando.
  • Planean qué se hará con el beneficio obtenido ya que a diferencia del sistema formal, los beneficios generados a partir de los intereses pertenecen al grupo: reparto, gastarlo en la comunidad, caja de emergencias, etc.
  • Se deciden otros aspectos, como el sistema de garantías, que suele ser un garante por parte de otro componente o componentes de la comunidad que avala el crédito con parte de sus acciones.
  • Se eligen cargos, su duración, funciones y el funcionamiento de la caja, el lugar para guardarla y quién guarda la llave.
  • Los cargos serán rotatorios para que todos los componentes puedan aprender el funcionamiento del sistema.
  • Suelen necesitar un acompañamiento de entre 6 meses y un año antes de funcionar de manera totalmente independientes.

Las comunidades que han conseguido crearse en estos países están en su mayoría compuestas por mujeres del ámbito rural y con un nivel cultural y económico bajo o muy bajo. Cuando preguntamos por los motivos que impulsan a dichas mujeres a unirse a una CAF las razones son varias. Desde su capacidad para solucionar problemas del día a día y emergencias, hasta la exclusión financiera que sufren las mujeres y/o las clases pobres en esos países. Para ellas es un lugar donde ahorrar e invertir su dinero y a la vez obtener beneficios por ello. Una alternativa para los caros y peligrosos prestamistas que copan el mercado financiero entre las comunidades excluidas de los circuitos bancarios es otro de los motivos.

Existe una razón que Arianne remarca por encima de todas, la vulnerabilidad en varios aspectos de la vida de estas mujeres les impide formar parte de algo, emprender o tomar las riendas de su vida y este tipo de unión entre ellas realiza un inmensurable trabajo, “muchas de ellas tienen una gran falta de autoestima, no se ven capaces de ser nada más allá de amas de casa”, explica Arianne, “pero al formar parte de este grupo, se relacionan, apoyan y enseñan mutuamente, les da poder de decisión, se vuelven independientes y respetadas en sus comunidades y en sus propios hogares donde pasan de ser amas de casa a aportar también recursos económicos”.

El uso que le dan las mujeres a los créditos, explica, es muy variado pero en su mayoría se destina a pequeños emprendimientos o inversiones en negocios ya existentes, venta de pescado, costura, etc. que generan ingresos para el sustento familiar. Pero en ocasiones el uso es simplemente para cubrir las necesidades básicas alimentarias o de escolarización de sus hijos, para algún evento social, una emergencia, etc. Otro motivo por el que las componentes de la CAF recurren a este tipo de financiación es la intención de saldar otras deudas.

Como cuenta Arianne, las ventajas de este sistema van mucho más allá del poder que tienen para resolver sus problemas económicos. Las CAF son una herramienta de cohesión social y empoderamiento para sus miembros. Estrecha lazos de cooperación y solidaridad entre ellas, obliga a las componentes a confiar, a aprender a formar parte de un grupo y para ello necesitan crear una conciencia comunitaria. “Ellas eligen las normas, los plazos, qué hacer cuando alguna se retrasa en un pago o no puede hacer frente a él”, afirma Arianne, “se comprometen como garantes de sus compañeras”, continúa.

Por otra parte, enseña y transmite la cultura de ahorro y la inversión a los países del Sur, y en especial a sus mujeres, donde es difícil, a la vez que peligroso, ahorrar dinero en los hogares, “descubren que pueden obtener un préstamo si ahorran. Aprenden, se vuelven más astutas”, afirma al hablar del proceso de aprendizaje por el que pasan al formar parte de la CAF.

Todo ello hace de las CAF una herramienta completa para el proceso de empoderamiento en los países del Sur, tanto en materia financiera como en el en la organización solidaria de las comunidades.

Las CAF también tienen utilidad en el Norte

Este tipo de sistema financiero no es exclusivo de los países del Sur, las CAF han traspasado la frontera y se han instalado también en nuestro hemisferio. Son varias las asociaciones o grupos que se han unido para crear su propio grupo y elaborar sus propias normas para conformar una CAF. Aunque al indagar en los motivos que han llevado a estos grupos a formarse podemos observar dos tipos diferentes.

Cuando la organización ACAF adaptó esta metodología en el año 2004 la adaptó para su uso en Europa y empezó a trabajar con grupos potencialmente en riesgo de exclusión social, tales como inmigrantes, personas de nivel socioeconómico bajo, discapacitados, etc. Mediante una ardua labor de concienciación y pedagogía, así como negociaciones y contactos con líderes comunitarios, consiguieron acercarse a un primer grupo de inmigrantes senegaleses en Barcelona para crear la primera CAF, la cual hoy en día, después de 10 años sigue funcionando. Desde ese día, esta y otras organizaciones se han encargado de promover el uso de este sistema de autofinanciación a lo largo de nuestro país y del resto de Europa, lo cual ha sido aceptado y acogido por un gran número de colectivos que han encontrado en este sistema una solución a sus necesidades financieras.

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Honducat. CAF en Barcelona

Al preguntar por el uso y el destino de las financiaciones y préstamos de estos grupos los motivos más comunes son el uso del dinero para viajar a su país de origen o enviar remesas de dinero en el caso de las comunidades de inmigrantes, pero también gastos comunes de manutención como el alquiler en momentos de dificultad económica o gastos médicos no cubiertos por la sanidad pública.

Pero no queda ahí el uso de este peculiar sistema de financiación y traspasa nuevamente otra frontera, ya que también algunas personas que no se encuentran en situación de exclusión financiera ni social han sabido reconocer los valores que evoca y plantea el proceso de organización y solidaridad que potencian los grupos de autofinanciación, más allá de la necesidad económica de sus componentes.

Es el caso de CAFSOL, una CAF creada al calor de las protestas que dieron vida al movimiento del 15M en la plaza de la Puerta del Sol de Madrid. Durante las semanas posteriores un grupo de gente descubrió este sistema de autofinanciación en una formación realizada por Jean-Claude Rodríguez Ferrera y comprendieron sus valores, en un momento en que gran parte de la indignación ciudadana se giraba para señalar sin ningún complejo al sistema financiero formal como un claro culpable de la situación que atravesaba el país.

El grupo se compone de perfiles de lo más variopintos, un economista, una hostelera o una azafata de vuelo. Todos ellos tienen sus nóminas, sus ingresos, sus ahorros, sus cuentas bancarias, etc. No se les puede considerar excluidos financieros pero aun así recurren a este sistema que puede parecer solo necesario para quien no puede entrar en los circuitos bancarios convencionales. “Yo buscaba gente afín con la que hacer actividades, aprender, experimentar con nuevas alternativas”, explica Vicente, uno de los integrantes de CAFSOL, “No tiene una finalidad productiva o de emprendimiento, pero yo me compré un Ipad con uno de los préstamos, paso varias horas a la semana en transportes públicos y lo uso en esos huecos para trabajar, por lo que de algún modo sí que me ha servido para ello”, comenta Iñigo, otro de los componentes.

La dinámica y funcionamiento de este grupo es muy similar a la de los grupos del Sur, con el mismo proceso democrático eligieron sus normas, muy similares a las explicadas anteriormente, aunque en este caso hay una peculiaridad que la diferencia ya que este grupo ha empezado a usar las tecnologías para llevar un control de las cuentas de la CAF. Para ello usan Winkomun, una herramienta online gratuita para gestionar las cuentas de este tipo de grupos.

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Grupo CAFSOL

La característica y expectativa común de todos los componentes del grupo no dista mucho de una de los principales valores que impone el sistema a los grupos de mujeres del Sur: la cohesión social y solidaria que produce estrechar lazos con el grupo. “En las reuniones mensuales hemos hecho de todo, desde escribir poesía a cenas de tupper en el parque del Retiro”, explica Iciar, otra de las componentes, “La CAF ya no es solo un sitio donde ahorrar o coger dinero prestado, somos un grupo de amigos a los que nos gusta aprender, experimentar cosas nuevas, además de ser un momento de encuentro para quedar y vernos”, termina.

Lo que queda claro al ver los tres diferentes perfiles de grupos es que este sistema de autofinanciación conlleva unos valores de solidaridad y confianza e implica un proceso de aprendizaje que hacen de esta metodología un camino a tener muy en cuenta en un planeta donde mucha gente está excluida de otros sistemas financieros, donde la solidaridad y la confianza son los únicos valores en los que se pueden apoyar mucha gente, o en donde las convicciones éticas y morales de muchos ven en este sistema una manera de huir de un mundo de las finanzas convencionales que ha demostrado no ser nada ético ni nada moral.

Si queréis conocer más sobre las CAF podéis visitar el Blog Comunidades CAF o si queréis herramientas o más información sobre como formar vuestra propia CAF podéis visitar la web de Winkomun.

Yago Álvarez  

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