Categories

 

Portada > Economías > Consumo > Cómo alimentar ciudades de 30 millones de...


Carolyn Steel analiza las "ciudades hambrientas"

13 de febrero de 2015

Cómo alimentar ciudades de 30 millones de habitantes

Cada día se sirven unos 30 millones de raciones de comida en una ciudad como Londres. Parece un milagro porque la comida se repone constantemente y de forma ilimitada en los numerosos supermercados que alberga la ciudad. Sin embargo, Carolyn Steel, arquitecta e investigadora, se ha empeñado en hacernos visibles las rutas y lógicas económicas que hay detrás de todo esto.


Cómo alimentar ciudades de 30 millones de habitantes
J. Brown (cc)  

La plaza de la cebada, la del trigo, la calle matadero... todas las ciudades mantienen nombres que recuerdan una parte esencial de su historia: la distribución, manipulación y venta de alimentos. Hungry City (ciudades hambrientas), el libro que Carolyn Steel publicó en 2008, intentaba explicar por qué la alimentación ha tenido este papel tan determinante y, todavía hoy, es uno de los principales motores de la gestión urbanística.

En el siglo XVII, nos dice Steel, el tráfico de alimentos marcaba los usos de las calles, plazas y mercados de Londres. Las rutas del pescado y los cereales dependían del río, la de la carne, dependía de las propias patas de los animales:

 

JPEG - 110.3 KB
Pescado, cereales y carne. Ruta de tres productos en el Londres del siglo XVII

El mapa actual de nuestras ciudades ya no depende de estas rutas, pero sí de la distribución de alimentos "transformados", que se dice ahora. No hay más que observar cómo los grandes hipermercados y centros comerciales a las afueras de la ciudad condicionan las infraestructuras y el uso de sus accesos:

 

JPEG - 65.2 KB
Algunos de los requerimientos básicos de los grandes hipermercados


Estos polos comerciales, en cuanto atraen una gran cantidad de desplazamientos de la ciudad hacia el exterior, tienen importantes consecuencias: desde el fomento de la movilidad basada en el automóvil hasta procesos especulativos con los terrenos afectados.

Sin embargo, no son los grandes hipermercados, sino los supermercados medianos y pequeños los que han conseguido imponerse en la distribución de alimentos dentro de la propia ciudad, creciendo en número incluso en los peores años de esta crisis:

 

JPEG - 57.5 KB
Nº de establecimientos / Estudio Nielsen 360º 2014

 

Aunque los supermercados parecen integrarse de forma silenciosa y natural en la ciudad, también son potentes focos de alteración urbanística, atrayendo el movimiento comercial que a la vez van perdiendo los formatos de comercio tradicional. Su éxito está asociado al fin de un modelo donde el mercado de abastos y las tiendas de barrio funcionaban como eje dinamizador de las interacciones entre el vecindario. Cada año cierran miles de estos pequeños comercios (con el fin de la moratoria a los arrendamientos antiguos se espera el final de muchos miles más) y con ellos la destrucción de todo un modelo de ciudad: "Convertidas en grandes terminales de aeropuerto, con paseos que tienen más de duty free que de espacio libre y común, plagadas de autómatas con selfies que rebotan de un escaparate a otro. Estos siempre son de grandes marcas, que minan la fisonomía de las calles principales de Europa, convertidas en un solo y luminoso carril. Las ciudades son hoy lugares de expulsión", decía hace unos días el escritor Ramón Andrés.

Durante décadas, las grandes multinacionales de la distribución (con casi un 70% de cuota de la distribución minorista alimentaria) han ido experimentando distintos tipos de formato comercial y, según parece, los supermercados han ganado la batalla de la optimización y la rentabilidad. Pero al final, dice Steel a The Guardian, es una optimización aparente, porque en realidad hemos perdido el control del suministro alimentario y, lo que es peor, la mirada global. La de la propia sostenibilidad del circuito: "Nos han hecho dependientes de sistemas que sólo ellos proporcionan y que son insostenibles", explicaba Steel en una conferencia que no tiene desperdicio.

 


 

Actualmente, las zonas urbanas albergan un 54% de la población del planeta, pero la ONU calcula que en 2050 hablaremos de un 66%. Eso querrá decir que habrá unas 30 ciudades con más de 10 millones de habitantes y varias sobrepasarán los 30 millones. Es decir, ciudades llenas de personas que no producen sus propios alimentos y que, por tanto, fuerzan la sobreexplotación de las zonas rurales conlindantes y sus recursos. Pero no está claro que esos sistemas agrícolas sirvientes, con una gran dependencia del petróleo y de recursos hídricos y naturales cada vez más escasos, sean capaces de responder a las crecientes ciudades hambrientas.

Cada día se sirven unos 30 millones de raciones de comida en una ciudad como Londres. El milagro existe, pero Carolyn Steel avisa, estamos mirando al sitio equivocado: "solo si la ciudad cuida del campo, el campo cuidará de la ciudad".

Isidro Jiménez Gómez    El Salmón Contracorriente

Comentar