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Industria textil

2 de febrero de 2016

Bordadoras a domicilio: el eslabón más débil de la cadena

Miles de bordadoras ganan 2 dólares por prenda, mientras que luego, la misma pieza se vende por 100 en Estados Unidos. La mayoría de estas trabajadoras son mujeres, entre bordadoras a domicilios y costureras en maquilas. Esta situación es símbolo de la explotación laboral en los países empobrecidos y la feminización de la precariedad.


Bordadoras a domicilio: el eslabón más débil de la cadena
Foto: Mujeres Transformando  

Cecilia de la Paz Campos ha estado 18 años de su vida bordando a mano prendas desde su casa en El Salvador para empresas y marcas internacionales de ropa. Cosía en su domicilio, al tiempo que se encargaba de los hijos, la comida y la casa. Sin derecho a vacaciones, ni horas extras pagadas ni seguro médico y amenazada por las empresas si exigía mejores condiciones, ganaba 2 dólares por prenda bordada que luego se vendía por 100 en Estados Unidos. Sólo en El Salvador y según cifras del propio sector, la industria textil emplea directamente a 76.866 personas, la mayoría mujeres, entre bordadoras a domicilios y costureras en maquilas. Se llama explotación laboral y feminización de la precariedad.

ANAVINI es una multinacional que trabaja en El Salador. Vende vestidos a estos precios a pesar de que las mujeres que le añaden el máximo valor a la prenda, el bordado a mano, solo reciben 2 dólares. ANAVINI es una multinacional que trabaja en El Salador. Vende vestidos a estos precios
a pesar de que las mujeres que le añaden el máximo valor a la prenda, el bordado a mano, solo reciben 2 dólares.

 
Mientras esto ocurre, la Organización Mundial del Comercio se da la enhorabuena así misma porque durante 2015 el 49% del comercio mundial de mercancías y servicios se llevó a cabo a través de “cadenas de valor mundiales”, frente al 36% de hace diez años. La OMC etiqueta este incremento como “desarrollo” y puntualiza que solo es posible por “la disminución de los costos del comercio y las mejoras en la tecnología de la comunicación”. Pero para entendernos, las “cadenas de valor mundiales” que ganan peso gracias a la “disminución de los costos del comercio” no son otra cosa que multinacionales buscando mano de obra barata en países pobres, cuyos Gobiernos legislan para atraer inversión a costa de precarizar el trabajo.

Bordando una media de 10 horas diarias

“Nuestro día comienza bordando y termina bordando. Tenemos que cumplir con un número determinado de prendas y cada 8 días la supervisora de la empresa viene a recoger las piezas, paga y vuelve a hacer otro encargo”, cuenta en una entrevista por videoconferencia, la salvadoreña Ceci -como se hace llamar- que ahora es Promotora de Mujeres Transformando, una organización que lucha para visibilizar este problema. “Da igual el tiempo que estés para terminar la prenda, siempre pagan lo mismo, dos dólares por pieza”, explica, “a veces tardas 5 horas, a veces un día y medio”, continúa. “Yo gastaba entre 10 y 12 horas cosiendo al día”, asegura Ceci, cuya organización ha publicado la investigación “Haciendo visible lo invisible: la realidad de las bordadoras a domicilio”.

Distribución del tiempo de una bordadora. Fuente: Mujeres Transformando Distribución del tiempo de una bordadora. Fuente: Mujeres Transformando

Invisibles: cada una en su casa

Según la investigación, Ceci es un ejemplo más de la “sistemática violación a los derechos humanos laborales”, entre los que destacan: ausencia de contrato por escrito que impide probar la relación laboral; inexistencia de una tarifa salarial oficial; falta de jornada laboral definida; no tienen días de descanso ni vacaciones anuales remuneradas; no hay horas extras reconocidas, ni indemnización por despido; ni siquiera licencias por maternidad. “Cuando empecé a reclamar mis derechos como trabajadora tuve miedo”, reconoce Ceci, al tiempo que resalta la dificultad de conseguir una unión de bordadoras a domicilio ya que cada una está en su casa y en zonas rurales desperdigadas a lo largo del país. Son el último eslabón.

Ceci en su casa mostrando los vestidos que acaba de terminar Ceci en su casa mostrando los vestidos que acaba de terminar

Las zonas francas o “ciudades sin ley"

En El Salvador, las empresas textiles son en su mayoría nacionales pero trabajan para transnacionales extranjeras y la producción es para la exportación. Se sitúan en las llamadas zonas francas o “ciudades sin ley” que no son más que grandes polígonos industriales regulados bajo una legislación especial y existen a lo largo y ancho del planeta. Solo en El Salvador hay diecisiete, de las que siete usan el modelo a domicilio, según datos de Mujeres Transformando. ¿La mayor ventaja? No pagan impuestos

  • No pagan impuestos para la importación de maquinarias, equipos, herramientas o implementos para su funcionamiento.
  • No pagan el Impuesto a la Transferencia de Bienes Muebles.
  • No pagan IVA
  • No pagan el Impuesto a la Renta e impuestos sobre activos y patrimonio.

A los ahorros fiscales, hay que sumarle el beneficio de reducir los costes en los salarios, ya que la mano de obra es barata y los trabajadores están poco sindicados. Son estas empresas las que por un lado tienen maquilas, grandes fábricas llenas de mujeres cosiendo, y por otro, las bordadoras a domicilio. Si las primeras luchan para mejorar sus condiciones, las segundas reivindican tener algunas condiciones por las que luchar. Son el último eslabón de una cadena que suele terminar en EEUU y Europa.

El último y más importante eslabón

PASO 1

PASO 2

PASO 3

PASO 4

PASO 5

Compradores globales y comercializadoras de Marcas Fábricas textiles y Marcas Estado Subcontratada local o filiales de marcas Bordadoras
Elecciones de producción, idea de negocio y búsqueda de mercado destino, definición de volúmenes de producción, tiempo de entrega y precios. Compra de materia prima, búsqueda de empresas para subcontratar. Exportación de materia prima a países del tercer mundo. Muchas veces diseño del producto, delimitación de tiempo de entrega y precios. Firma de acuerdos de libre comercio y facilitación de negocios transnacionales. Visibilización de las condiciones de Exportación-Importación. Medidas para la atracción de empresas (incentivos fiscales). Fomento a la disponibilidad de fuerza de trabajo Firma de contratos de subcontratación, recepción de exportaciones, aprovechamiento de incentivos a la inversión. Búsqueda de trabajadoras a domicilio, contratos verbales, pactos de entrega de materiales y determinaciones de características del producto, tiempos de entrega y precios. Recepción de materiales, diseños y características del producto. Limpieza de la tela plisada o del vestido, centrado de pliegues, centrado del primer cable o línea sujetadora, cablear, bordado de figura central, bordado de todas las figuras, decoración final y limpieza final de la pieza. Entrega de producto a supervisora de empresa local.

Cadena de la industria. Fuente: Mujeres Transformando

CAMTEX: No se preocupe, los salarios son bajos y no tenemos sindicatos

CAMTEX es la Cámara de la Industria Textil, Confección y Zonas Francas de El Salvador y después de preguntarles como si una empresa estuviera interesada en instalarse allí, preocupada por los sindicatos de la zona y la mano de obra, esta es la respuesta:

Buen día,
De acuerdo a su consulta sobre la existencia de contrato colectivo para empresas de recién ingreso o funcionamiento en diversas zonas francas del país, es importante mencionar, que en El Salvador no existen contratos o convenciones colectivas aplicables de manera directa a las empresas sin que para ello exista un sindicato en las mismas, pero que además hayan iniciado un proceso de negociación con la o las empresas a fin de llegar a establecer el convenio al que se hace referencia, por lo tanto, no se tiene ningún contrato colectivo que cumplir con empresas de recién ingreso.
 
Por otra parte, el salario mínimo es el que normalmente se les paga a los empleados que actualmente es de siete dólares con tres centavos diarios, más cuotas por producción que se les paga y que esas dependen de cada empresa.
 
Saludos,

Después de todo, vas a la tienda y al ver un vestido caro piensas “oye, es que está bordado a mano”. De lo que no eres consciente es de que ese valor a donde está añadido es al bolsillo del empresario, mientras que la mujer que entregó un día de su vida en coserlo no gana ni una centésima parte del precio de venta. Para que Cecilia compre uno de esos vestidos, tiene que bordar otros cincuenta. Son ellas: el eslabón más débil de la cadena.

Lourdes Jiménez