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La vida sigue tras el NO griego a la Troika

7 de julio de 2015

7 reflexiones tras el Greferendum

A pesar de los augurios apocalípticos que se han vertido sobre el referéndum griego, cabe pensar si estos eran vertidos con la mente puesta en el interés de la población griega y europea o en el interés, cada más desmedido, de los acreedores de la deuda helena que han visto cómo sus propuestas eran rechazadas con vehemencia por el pueblo griego.


7 reflexiones tras el Greferendum
Adolfo Lujan  

Ya pasó el torbellino del referéndum convocado en Grecia. Ya pasó y nada se derrumbó. No se enfadaron los dioses, ni la naturaleza desbocó catástrofes insoportables, ni las bolsas se hundieron, ni apareció ninguna “peligrosidad de las urnas”. Que se tranquilicen los profetas del desastre. La vida sigue pero, quizá, la democracia se haya reforzado algo más.

He de confesar que nunca entendí las advertencias desastrosas que nos hacían nuestros gobernantes. Y después de meterlas en la máquina de pensar, se me ocurren algunas puntualizaciones. Claro, cómo no, son puntualizaciones parciales porque son personales. Tan parciales como lo eran las de los profetas del desastre. Por lo que ni pretendo elevarlas a “tesis” ni, mucho menos, a “dogmas” o verdades irrefutables como hacían los profetas del desastre. Son observaciones de un ciudadano al que le han dejado extrañado lo que dijeron quienes deberían pensar en el gobierno de la sociedad o del bienestar social.

PRIMERO | Todos nuestros gobernantes (de España y europeos) dijeron que hay que respetar las normas. Incluso algunos se quedaron en esta premisa, como que si no se respetan esas normas no hay nada de qué hablar. Pero ¿qué son esas normas? Ya sé lo que son para los banqueros o los acreedores, ¿mas qué son para los que nos gobiernan? ¿Están hablando de lo mismo? Es cierto que estos gobernantes deben forzar que se cumplan las reglas del juego, es una de sus obligaciones, pero su juego es la convivencia, el bienestar social, la equidad en el gobierno de lo común (de la “res pública”), no tanto de cumplir, sin más, con los acreedores. El juego, para ellos, debe consistir en que toda la sociedad camine hacia una mayor cohesión y bienestar social. ¿Tan pronto han olvidado la “estrategia de Lisboa” donde decían que el crecimiento económico ha de ser compatible con la cohesión social? Y si lo ha olvidado, ¿quiénes son los que nos gobiernan?

SEGUNDO | Suena muy extraño ver la coincidencia en el lenguaje de nuestros gobernantes y el de los banqueros o acreedores de la deuda. ¿Los gobernantes que nosotros elegimos para que gestionaran el bien común se convirtieron en los gestores de los intereses económicos dominantes? Ya dijo hace tiempo Jacques Delors: ¿Si la economía toma el asiento del conductor dónde queda la política? ¿Se les perdió el concepto de política por servir a los dueños del dinero?

TERCERO | Cuando una familia se derrumba económicamente siempre tiene una puerta a renegociar todo lo que en su día se comprometió (deuda, especialmente). Los nuevos ayuntamientos (Madrid, Barcelona…) comienzan a negociar otras formas de plantear los impagos de las hipotecas antes de llegar al desahucio. Y algunos bancos ya les han dicho que es posible otra forma de gestionar el desahucio. Otra forma de actuar es posible. ¿No puede ocurrir esto con los estados donde la precariedad ha tomado asiento en sus sociedades? ¿Acaso no es norma de un buen gobierno cuidar la salud social? No entiendo que las normas que defienden nuestros gobernantes se reduzcan a pagar lo que se debe “caiga quien caiga”.

La “estrategia de Lisboa” decía que el crecimiento económico ha de ser compatible con la cohesión social


CUARTO | ¿Cuántas veces se ha afirmado que la crisis actual viene de la “voracidad” del sistema financiero y de su no regulación? La Cumbre del G20, en Pittsburgh (2009), lo dice de forma contundente en su declaración final. Incluso se auto-impone la obligación de regular el sistema financiero. Compromisos olvidados nada más ser publicados. ¿Y, acaso, respetar esos auto-compromisos no son normas que hay que cumplir?

QUINTO | Es sospechosa la insistencia en reforzar la culpa de Tsipras y su Gobierno en lo ocurrido en Grecia. ¿Acaso es creíble que en unos meses que llevan en el poder hayan tenido tanta influencia como para conducir a este desastre? ¿Tan poderosos son? ¿No es más razonable pensar que la caída que está soportando la sociedad griega lleva ya tiempo produciéndose (basta con ver los datos) y es por ese descenso prolongado por el que los griegos deciden que gobierne Tsipras, para frenarlo (como fue evidente en las pasadas elecciones griegas)? Y si es así ¿por qué el empeño en no leerlo de este modo y en culpar a quien tan solo pretende ser coherente con lo que se comprometió cuando lo eligieron?

SEXTO | Muchos gobernantes europeos (también españoles), y muy importantes, dicen ahora, tras la consulta, que Tsipras ha roto todos los puentes con la UE. ¿Los ha roto porque ha preguntado al pueblo que lo eligió para frenar la caída y el austericidio si le permite seguir pactado austericidio? No entiendo de donde surge esa tendencia política por la que cuando un partido se dirige a la elección todo es promesa y ayuda a la sociedad, pero una vez elegido da la espalda y domina la creencia de que hay que gobernar sin que los ciudadanos se enteren ni opinen porque las cosas son complejas para ser entendidas por el pueblo. ¿Era eso la democracia? Si era eso, ¿por qué no nos lo dijeron?

SÉPTIMO | Como estamos en Grecia, parece ineludible citar a Aristóteles, que unía el bien común de las personas y de la comunidad en que vivían, de forma que sin esta coordinación (que supone reforzar elementos comunes reduciendo los discrepantes) no se podrá realizar el bienestar social ni el individual que convive. Según Aristóteles, la formación de la comunidad exige el bien común, pues “el fin de la ciudad es vivir bien”. ¿Cómo es posible que nuestros gobernantes hayan olvidado estas premisas?. ¿Qué perversas influencias habrán tenido para que su lenguaje y su discurso se aproximen (hasta confundirse) con el de los banqueros?

En fin, escuchando el discurso monótono (no en el sentido de aburrido sino en el de un solo tono) de los que gobiernan Europa (y España) cada vez es más comprensible, al percibir su irritación por no entender que un político elegido se debe a sus compromisos con los electores, la tremenda afirmación del “no nos representan” si lo prometido se olvida y se detesta volver a consultar a los electores.

Marcos de Castro    Fiare Zona Centro

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